Crítica televisiva: American Horror Story 6

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  • Título: American Horror Stoy 6, My Roannoke Nightmare.
  • Creadores: Ryan Murphy y Brad Falchuk
  • Capítulos: 10

 

**Cuidado spoilers**

Aunque voy a intentar dar mi opinión sobre la serie, es muy difícil hacerlo sin soltar ningún spoiler, por pequeño que sea, así que si todavía no la has visto no deberíais seguir leyendo, que luego pasa lo que pasa.

Comenzaré haciendo un breve resumen de la temporada, aunque no sé si es necesario:

La primera parte de la serie es la recreación en televisión de unos hechos sucedidos a una joven pareja en una granja dejada de la mano de Dios que compraron para empezar su vida de cero después de una agresión racista. Al principio pensaban que los sucesos extraños que sucedían en la casa eran culpa de los Polk, sus vecinos.

La segunda parte se sitúa un año después, después del éxito obtenido por la primera temporada deciden grabar un especial en la casa reuniendo a los protagonistas de la historia con los actores que les dieron vida, aunque al final las cosas no salen tan bien como esperaban.

 

Y ahora, ya sí que sí, mi opinión sobre la serie. Como habéis podido ver arriba, no he dado nombres ni de actores ni de nada, porque me o quería reservar para este momento. Desde el principio de la temporada me parece que los fans han estado muy divididos; por un lado estaban a los que no les gustaba nada y decían que era una emporada malísima y, por otro lado, estábamos los que, como yo, pensamos que ha sido una de las mejores. En mi caso diré que ha sido la mejor, mejor incluso que la primera (Murder House), aunque sí que es cierto que el último capítulo me ha sobrado un poco en algunos aspectos, pero en otros ha sido el colofón perfecto para una temporada que lo ha tenido todo.

Todavía recuerdo el día en el que empecé a ver esta serie y cómo temporada tras temporada me atraía, pero con esta de verdad que se han superado. Me encantan los libros de terror y las series, no así ñas películas, me agobian más, y de verdad que ha habido momentos con esta temporada que sentía la tensión iba a hacerme explotar.

Los actores, como siempre, estupendos y geniales salvo, en mi opinión, Sarah Paulson. Es una actriz que no me ha gustado en ninguna de sus interpretaciones dentro de la saga, pero es que en esta temporada me ha parecido pésima. Me parece muy sobreactuada y con unos aires de grandeza que no sé de dónde le vienen, porque en absoluto me parece una buena actriz, pero supongo que si cuentan con ella desde hace 5 temporadas será por algo.

Otro hecho que tampoco me ha gustado ha sido que, en teoría, esta temporada iba a unirlas todas, y lo único que se ha visto ha sido la aparición especial de Taissa Famiga en el último capítulo, pero sin ningún tipo de relación con el personaje de Violet, y Lana Winters, interpretada, como no, por Sarah Paulson y que unía la sexta temporada con la segunda.

A pesar de estos dos detalles, la serie ha ido cada vez a mejor y, en caso de haber una sexta temporada no sé si podrá superarla.

 

MK!

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Stranger Things

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  • Títutlo: Stranger Things.
  • Año: 2016
  • Dirigida por: Matt Duffer, Ross Duffer, Shawn Levy
  • Número de capítulos: 8
  • Duración de los capítulos: 40 min
  • Género: terror

La reseña de hoy en el blog no va a ser sobre un libro, si no que hemos decidido hacerla sobre Stranger Things, la nueva serie de moda emitida en Netflix y que ha sido capaz de enganchar a una gran variedad de público a pesar de que, en apariencia, su temática es adolescente.

La serie se desarrolla en los años 80, recreando muy bien la estética y las mentalidades de la época. Es gracias a esta precisa recreación que el eje central de la historia, la desaparición de un niño, tiene tanto éxito.

La trama, que crece capítulo a capítulo, mantiene el suspense hasta el último momento, incluso los momentos finales te dejan con un agridulce sabor en la boca y con ganas de que comience la segunda temporada, que se vislumbra allá en el horizonte.

Respecto a los personajes, lo tienen todo para ser un éxito, son personajes que van creciendo poco a poco en la serie, personajes a los que vas cogiendo cariño y que te transportan a un mundo de fantasía que al final acaba siendo lo más real y tangible de la serie. Creo que el haber elegido a niños como protagonistas es un acierto inigualable, y por supuesto, no decimos nada nuevo si afirmamos que Millie Bobby Brown es una de las mejores actrices de la serie, aunque tampoco podemos olvidarnos de Gaten Matarazzo, que es quien da vida a Dustin Henderson, ese entrañable niño al que solo puedes coger cariño desde el principio.

En este reparto también nos podemos encontrar con Winona Ryder, quien para mí hace una interpretación maravillosa. En internet se han oído críticas diciendo que es demasiado histriónica, pero es que su papel lo exige, ¿cómo os sentiríais vosotros si secuestran a vuestro hijo y empiezan a pasar cosas extrañas a tu alrededor?

Para terminar, os recomiendo encarecidamente la serie, todos los detalles están perfectamente cuidados y engancha desde el primer hasta el último capítulo. No os arrepentiréis de verla.

Reseña: Our Tragic Universe (2011) y The Leftovers (2014)

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Título en Español: Nuestro trágico universo

Autor: Scarlett Thomas/ Tom Perrotta

Editorial: Canongate Books Ltd/ White Rabbit Productions

Páginas: 448

Precio: 8.99 libras

Sobre los autores/ sinopsis:

No redactaré una sinopsis, ni hablaré de los autores. En este caso me interesa centrar la atención en la relación personaje-lector/ personaje-espectador y ese vínculo especial que me ha hecho sentarme unos minutos a escribir de estas obras y no de otras.

Opinión personal:

Hace tiempo que quería escribir sobre este tema y la verdad es que lo he ido retrasando sin motivo. Cuando llegó a mis manos el libro dorado de lomos negros de Scarlett Thomas y leí el título, debo confesar que esperaba una cosa bien distinta a lo que me encontré tras pasar unas cuantas páginas, al fin y al cabo me lo habían definido como una “novela de estación.” Al pasar la última hoja, como hago con todos los libros que me gustan, cerré los ojos y respiré, digiriendo la ficción y aceptando mi vuelta al mundo caprichoso y sin guion de fuera del libro. Aun así ese salto entre la realidad y la ficción no fue grande, pues de algún modo la autora logra introducir al lector en la mente flexible y condescendiente del personaje. Thomas te lleva de paseo, de paseo por la vida, cruda o no, en la que la literatura se antoja un ente con vida propia, humana, convaleciente y sometida. La lectura es fácil, ligera y las páginas pasan como los capítulos de The Leftovers (2014), que basados en la novela de Perrotta, pasan por los ojos del espectador arrastrándole en una vuelta a la manzana desgarradora y nada indiferente. Libro y serie, serie y libro te ofrecen el caramelo de la empatía, y llamando a nuestro espíritu más visceral nos cuentan la historia de las sobras, de los lugares de la mente del individuo que la sociedad parodia y aparta de un manotazo. Aunque sean una historia para todos, quizá no todos sean para ella, pero como se dice por algunos lares, atascaros ahora que hay lodo y quizá descubráis que este color es de vuestro gusto.

M.S.

 

The Cabin in the Woods (2012): A Meta-Flick

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Año: 2012

Director: Drew Goddard

Cast: Chris Hemsworth,  Kristen Connolly, Fran Kranz, Anna Hutchison, Jesse Williams, etc.

 

 

Trailer:

The whore, the scholar, the fool, the athlete, the virgin, a forlorn cabin, and an eerie harbinger, The Cabin in The Woods (2012) provides the audience with the perfect ingredients to cook a horror movie. Joss Whedon and Drew Goddard pick up the postmodern torch of the Scream series and bring to the forefront the very foundations of the genre. The multiple layers and storylines of the motion picture are closely interwoven in the story and the stereotypes of the scary movie tradition are presented as if it were an inventory, or rather a puzzle in which no matter how the viewers arrange the pieces, the outcome always meets our expectations. The self-conscious and self-referential allusions of The Cabin are not just mere dormant devices that underlie the plot, the film is actually a physicalization of the theory of metafiction. This production has been both praised and labelled as short in “frights” (Bradshaw n.pag.). However, the nature of the film suggests that horror lurks beneath the whimsical structural framework and it is precisely the latter what constitutes the key element that carries the message of the movie.

The Cabin displays an artificial construction of the classic clichés of this type of film. These stereotypes are introduced by way of ironic, yet unconscious comments on the part of the characters. The depiction of each and every of the five archetypical friends is continuously challenged and at the same time forced to comply with the scope of the slasher movie setup. Probably one of the best examples that mocks the artificiality of the story and functions as a self-conscious device is the fact that the young group of friends changes and adapts their personalities to the “horror” formula:
“and since when does Curt pull this alpha-male bullshit? I mean, he’s a sociology major” (Goddard The Cabin). Marty (Frank Kranz) experiences a clear anagnorisis and realizes that they are just “puppeteers” in the hands of a director who ironically turns them into pre-fixed characters. Likewise, Jules (Anna Hutchison) announces that she has dyed her hair at the beginning of the movie, thus providing the audience with the always existing “dumb blonde.” At first sight, these clichés seem to determine the ending of the story, for according to the conventions, it is the “virgin” the only one allowed to survive.

However, what is interesting about this moving picture is that the characters rebel themselves against their own fictional cinematic condition and the audience is made aware of this fact. Gary (Richard Jenkins) states that if the characters ignore the pre-established model, “the system doesn’t work,” thus clearly mocking the apparent urge and necessity to include the so-called fixed roles and patterns in every single slasher production. The boundaries between reality and fiction are blurred and we are presented with a collapse of diegetic levels. The whole mcabin in the woods 02ovie is a clear allegory to specular metafiction; the cabin itself is divided into different levels and the intradiegetic is connected with the metadiegetic by way of an actual elevator. The métalepse takes place right at the beginning of the film. When the characters finally go on adventure, a mysterious man supplied with some telecommunication equipment watches over as they leave and says: “Nest is empty. We’re right on time.” The implications of this intervention are clear, the directors at the extradiegetic level are explicitly and overtly stating that the story of the cabin is nothing but a story within a story, a feature that is fully disclosed some minutes after this scene. The mastery of the filmmakers allows them to go a bit further in the “metadeconstruction” of the basis of horror. The final fantastic ecstasy of chaos in which the characters of the metadiegetic level release the fictional creatures—which are actually the epitomes of horror fiction—provokes the clash between levels. Hence, there is a subversion of the roles of power in the movie and the puppeteers become the puppet masters in the struggle between characters, direction and audience.

The audience is therefore the primary focus of the rather overt devices that permeate a story dominated by a latent critique against the whole world of film shooting, film production and, more importantly, film reception. The viewer is directly addressed by one of the props controllers, who states that they “gotta keep the customer satisfied” (Goddard The Cabin), thus implying that we are the ones seeking the pre-established stereotypes that have tired out a genre lacking innovation. In the scene in which a group of people takes bets on the plot of the movie that is going to be shot at the metadiegetic level, the viewer is depicted as a rabid bidder entrapped in the platitude of horror fiction. Moreover, there is a ruthless critique against the inability of the American horror market to let go of the formula and try out new forms of cinematic experimentation. This is clearly stated in the contrast between the sarcastic depiction of the international industry as “zero fatality. Total wash” and the American one, for the delusional Steve Hadley (Bradley Whitford) naively declares that if “[y]ou want good product, you gotta buy American” (Goddard The Cabin).

The Cabin is rich in self-conscious devices and this diversity makes of this videotape a movie that could fit within many metafictional categories. There is a clear parallelism with other classics of the genre such as The Evil Dead (1981). Similarly, most scenes are suffused with intertextual allusions that can be found in the most unexpected details: we can even get a glimpse of the Slender man in one of the paintings hanging in the wall. The references to movie shooting are clearly embedded in the nature of the story that takes place at the intradiegetic level, and the ironic and definitive transgression of levels points to the fact that the film is indeed metaleptic.
However, the strothe-cabin-in-the-woods-2012-review-by-sandra-harris-586877ng point of the movie that cunningly increases the complexity of the story and unveils the ultimate purpose of the metafictional approach of the moviemakers is the way the directors manage to drag the spectators into the plot itself. The public not only becomes the target of the harsh sardonic critique against the maxim “enjoyment at the expense of quality,” but also we become characters of the story, thus enhancing the efficacy of the denunciation. The hand that almightily emerges from the earth and is directed towards the camera is not merely the hand of the “ancient ones,” it is undoubtedly the hand of an audience whose expectations have been frustrated by the transgressive, yet insightful piece of horror fiction.

Works Cited
Bradshaw, Peter. “The Cabin in the Woods-Review”. The Guardian 2012: n. pag. Web. 15 Dec. 2015.
The Cabin in the Woods. Dir. Drew Goddard. Perfs. Chris Hemsworth, Kristen Connolly, Anna Hutchison, Jesse Williams and Fran Kranz. Lionsgate, 2012. DVD.

 

MS.

Adiós, House

Crítica y despedida de la serie House M.D.

Hace ya tiempo que quería escribir esto (años, puede), pero qué mejor momento que en el ocaso de este fenómeno. Como casi todo el mundo que me conoce sabe, House MD para mí ha sido más que una serie, era más que una escapatoria a la rutina, más que un simple modo de entretenimiento. House, a parte de la mejor serie que, a mi gusto, se ha creado (Y no tan a mi gusto, ya que ha sido reconocida como tal a nivel mundial) ha sido mi mejor escuela. Más allá de las enfermedades patológicas semanales y sus respectivos síntomas e historias que subyacen, es la serie con una ética y moral tan labrada que es capaz de explicar de un modo sencillo ─bueno, a veces no tan sencillo─ la propia vida, usando para ello peones con unas características tan logradas y definidas que bien podrían haberse basado en personas reales. Personajes tan reales que acabas por conocer sus miedos, sus deseos y aspiraciones más profundas y su forma actuar y pensar. Personajes casi de carne y hueso que, en ocasiones, te sorprendes llorando con sus fracasos y decepciones, con aquellas ganas rayanas en la estupidez de darles un abrazo cuando la propia vida les golpea o de abofetearles cuando te decepcionan o se lastiman a sí mismos. Personajes que acaban por convertirse en amigos o en enemigos, tan reales los primeros como los segundos.
Cada personaje representa, a su modo, un carácter y un enigma y es por eso que es fácil identificarse con todos, sí, con todos. Porque cada uno representa una faceta tan definida que bien podría concentrarse, en mayor o menor medida, en una sola persona.
La benevolencia se plasma a la perfección en personajes como Cameron, tan humilde que consigue herirse a sí misma y rozar la estupidez en algunas ocasiones y que está condenada a hacer lo correcto o a castigarse eternamente en caso de no hacerlo. Enamoradiza y vulnerable hasta el extremo.
La superación puede forjarse en Foreman, un hombre que busca una alternativa a una vida de vandalismo y marginación en la medicina. La lucha por una escapatoria que le condenará irrevocablemente a buscar un ascenso adictivo en todos los ámbitos de su vida, obviando muchas veces la felicidad que se esconde más allá de la esfera académica y laboral.
El doctor Chase representa la ambigüedad y el desengaño. Lucha constantemente y desde el primer momento por hacerse respetar y para desacreditar a aquellos que infravaloran todo el esfuerzo alegando que ha conseguido el puesto por su cara bonita.
Amber era el claro ejemplo de la prepotencia y el orgullo, empleando varias veces el juego sucio para alcanzar sus metas, pisando a todo aquel que se interponga. Con una mente fría pero con una calidez oculta de lo más convincente.
Trece manifestaba muchas cosas. Por un lado el miedo a descubrir una de las peores enfermedades crónicas que condicionaría su vida para siempre. Por otro la asimilación y el dolor que le llevan a dedicarse a vivir la vida de una forma inmadura y sin reflexionar acerca de las consecuencias. Todo ello le lleva a representar la resignación y, en una combinación curiosa, la libertad.
Taub es uno de los ejemplos más claros para cualquiera que haya visto la serie. En él se ve con claridad la infidelidad irremediable y sus intentos fallidos de luchar contra ella que se convierten en una mera sarta de disculpas que no van más allá de un autoconvencimiento de que no es capaz de cambiar.
Cuddy podría encarnar el deber, la ley y el control. Una persona con un sin fin de miedos que se infravalora sobremanera, probablemente por el afecto recibido y el trato con respecto a su hermana, claramente más encarecido. Puede que por ello se deba su pánico a la soledad y su deseo de ser madre soltera que llegó a convertirse en una obsesión hasta la llegada de la esperada niña que, obviamente, se convirtió en su prioridad.
El caso de Wilson es muy evidente. Es la más pura fidelidad, entregado al máximo a los demás y esclavizado a la felicidad de su mejor amigo que, decepcionantemente, sabe que nunca será agradecida ni compensada y que es una felicidad idílica que nunca llegará a existir.
Y llego a la parte más temida, la más complicada de describir y que incluso intentarlo me da un poco de miedo: House. Una persona que basa todos sus principios en uno: La curiosidad. Cuando me enganché a la serie recuerdo que la gente me decía que cómo me podía gustar un personaje tan obviamente ilusorio. ¿Quién va a una consulta médica y es tratado de aquella manera sin que esa persona sea castigada o incluso sancionada por ello? ¿Qué médico has visto tú que trate a la gente así? Me decían y yo me encogía de hombros y respondía con mis doce añitos de edad que era divertido. Ahora cambiaría esas respuestas por algo así como: House es la frialdad personificada porque ha perdido la fe en las personas y en la humanidad y, por supuesto, jamás ha tenido otra clase de fe que fuera más allá de la que ciegamente tiene en la ciencia. Alguien que pondría en peligro su vida o la de los demás para probar que tiene razón o para aprender y experimentar acerca de algo nuevo ya que lo importante es el acertijo. Las personas mueren y las vidas caducan, pero siempre habrá acertijos porque siempre habrá enfermedades nuevas y retos sempiternos. Sabe que todo el mundo miente y que nadie es capaz de cambiar por propia experiencia y por ello no respeta a las personas hasta que no conoce su forma de actuar y todo aquello que pasará por su cabeza anticipándose a ellos y entonces juzga sin son dignas de ese respeto. Y, cuando lo hace, cuando conoce todo lo cognoscible de aquella persona, es cuando menos confía.
Es un personaje que debe lidiar con el dolor a cada instante y que encuentra un consuelo en una fuerte droga llamada vicodina y se convierte en algo imprescindible y adictivo para él. Va a la cárcel y al psiquiátrico y es juzgado en numerosas ocasiones pero, incluso entonces, nadie ha sido capaz de corregir su comportamiento. Vive en la soledad de quién es un genio y la saborea disfrutando de ella hasta los límites de la misantropía y el retraimiento, que se ve compensado con su mejor y único amigo, persona en la que basa todo su cariño escasamente reconocido y al cual necesita hasta casi colindar lo vital.
La felicidad de House no llega ni siquiera con la resolución de los puzzles, de hecho cuando más feliz se le ha visto es en el apogeo de una relación ya que, de algún modo, es una oportunidad de que el dolor no recaiga solo sobre sí mismo. No obstante, es una persona demasiado difícil como para mantener una relación por lo que la soledad lo acompaña hasta barajar la idea de dejar de existir.
Una vez leí unas palabras de Hugh Laurie donde afirmaba allá por la cuarta temporada que un personaje como House acabaría o curándose o suicidándose porque jamás aceptaría un cambio ya que ese es uno de sus pilares ideológicos: la gente jamás cambia. Se me encogió el alma al leer aquello. House era una leyenda, ¡no podía morir! Pero…
¿Cambiar? ¿Era mejor eso? ¿Era mejor la caída de un genio destrozando todos los cimientos en los que se había y nos había basado? No, prefería la muerte para House y aquello no terminaba de agradarme.
Ahora House ha acabado, a la octava temporada, dejando tras de sí una ristra enorme de momentos y recuerdos que me han arrancado lágrimas y carcajadas a partes iguales y no podría haber vaticinado un final mejor. House ni muere ni cambia, simplemente deja de ejercer.
Un dios como House no debía morir y, un modelo como él, no podía cambiar.
Solo me queda decir una cosa que abarca desde el 2004 que House fue creado hasta este 2012 que lo pone fin: GRACIAS. Gracias por estos 8 años de una serie que se ha convertido en toda una forma de vida para miles de personas en las que orgullosamente me incluyo.

MoniqueAllanPoe