Historia por palabras I y II

Revisando las entradas, me he dado cuenta de que no he publicado la entrada del pasado jueves, probablemente me olvidara de darle al botón de enviar, o cualquier cosas por el estilo. La verdad es que ahora tengo la cabeza a mil cosas y no me extraña nada, así que espero que me lo podáis perdonar y aquí os dejo las dos entradas, la del jueves pasado (las palabras eran ordenador y persona) y las de este jueves. Las palabras de este jueves fueron Música y grasa. Espero que os gusten:

ORDENADOR Y PERSONA:

Mientras Luke miraba la pantalla en blanco de su ordenador, se preguntaba qué diantres podría escribir. Él no era escritor, nunca lo había sido y nunca se había planteado serlo, por eso ahora mismo se arrepentía de haberle dicho que sí a aquel desconocido que se le había acercado mientras tomaba un café tranquilamente en el bar al que iba todos los días y le había propuesto escribir un cuento. Puedo hacerlo se dijo, pero la verdad era que no podía. La hoja en blanco frente a él se le antojaba como el mayor de sus enemigos. Al principio pensó en escribir sobre su vida, pero su vida era aburrida, nunca había hecho nada extraordinario, y no creía que nunca fuera a ser capaz de hacerlo, para que engañarse.

Luke nació y creció en un pequeño pueblo olvidado en todos los mapas de carreteras, pueblo que había odiado siempre y al que juró no volver una vez salió de él para estudiar en la Universidad. La carrera elegida fue derecho, aunque sus padres siempre pensaron que había elegido estudiar etnología para poder continuar con la tradición familiar. Cuando, un mes antes de su graduación, les dijo la verdad, su padre montó en cólera y le dijo que no volviera por casa. Su madre simplemente lloraba. Aquel día, Luke se encogió de hombros, recogió las pocas pertenencias que todavía quedaban en su habitación y se fue sin mirar atrás.

Sí, la historia de cómo mi padre me echó de casa estará bien, pensó, pero fue incapaz de hilar dos palabras seguidas porque no fue capaz de recordar cuál era la cara de su padre. ¿Acaso alguna vez Luke había tenido padre? El hombre, fumando un cigarrillo tras otro, comenzó a dudarlo. A lo mejor yo siempre he estado solo, por eso no soy capaz de escribir, se dijo. También se dijo que aquello sería lo que le diría al desconocido del bar su se lo volvía a encontrar. Luke alargó la mano y apagó la pantalla del ordenador, después se recostó en la silla, encendió otro cigarrillo y comenzó a fumar despacio, notando el humo introduciéndose en sus pulmones y pudriéndolos poco a poco. Luke sacudió la ceniza sobre una lata de coca-cola ya vacía y trató de recordar la fecha en la que había comenzado a fumar, su segundo año de carrera.

El segundo año de la carrera fue uno de los más duros para Luke. Aquel año murió Decket, su perro, un hermoso pastor alemán con el que había crecido. También se murió su abuela, pero eso no le importó tanto porque apenas la había conocido. Ese año la cosecha fue mala y sus padres lo pasaron mal económicamente, por lo que él, aparte de estudiar, tuvo que buscarse un trabajo a media jornada en un pequeño bufete. No era más que el chico de los recados. Aquella Navidad también dejó su relación con Rose, su novia de toda la vida, una chica normal y corriente que había decidido no ir a la Universidad y quedarse en la tienda de sus padres. Él no quería quedarse en ese pueblo y ella no quería abandonarlo, así que su relación era imposible.

A causa del trabajo, apenas tenía tiempo para estudiar, por lo que suspendió la mitad de las asignaturas y tuvo que quedarse en la ciudad hasta la mitad de junio, fue ahí cuando comenzó a fumar. Su primer cigarrillo se lo dio un chico con el que coincidía siempre en la biblioteca y del que ya no era capaz de recordar su nombre, aunque sí que recordaba que tenía cuatro dedos en la mano izquierda. Nunca le preguntó por qué.

Podría escribir sobre el chico de cuatro dedos que me dio mi primer cigarrillo se dijo Luke entonces. Miró el reloj de pulsera que había dejado sobre el escritorio, marcaba las diez de la noche. Se había pasado cerca de cuatro horas allí sentado, fumando sin parar, mientras trataba de escribir algo en una hoja Word en blanco. Pero si lo hago, ya será mañana se dijo apagando el último cigarrillo. Después cogió la lata de coca-cola y la tiró al cubo de la basura. Luke también pensó que debería comer algo, pero no tenía hambre, así que cogió una cerveza, una revista y se sentó en el sofá a leer.

 

MÚSICA Y GRASA

Luke apagó la radio y se bajó del coche. El locutor acababa de anunciar el último éxito de una diva del pop. Afuera hacía frío, pero no se molestó en abrocharse el abrigo, el bar estaba enfrente de él. En cuanto entró, se le empañaron las gafas, por lo que las limpió con los faldones de su jersey y, con ellas en la mano, se dirigió a la barra que, a esas horas, todavía estaba vacía. Mark, el camarero, se acercó con una cerveza en una mano y un plato de cacahuetes en la otra. Luke asintió y dio un largo trago a la cerveza, dejando el vaso a la mitad, después cogió una servilleta negra de un montón y se limpió los labios.

Desde hacía más de diez años Luke iba a ese bar. Lo descubrió un día por casualidad, llevaba tres meses viviendo en aquella ciudad y apenas se la conocía, por eso un día decidió salir a explorar. Por algún extraño motivo ese lugar le llamó la atención, estaba entre dos enormes edificios de oficinas y carecía de un cartel luminoso como el de los demás bares de la zona, demás, al entrar, olía a alquitrán y sudor. Por algún extraño motivo a Luke le encantó el lugar.

—Eh, Mark, pon algo de música —pidió Luke. El barman, que estaba limpiando una grasienta freidora, asintió, se limpió las manos en el delantal que llevaba y se acercó al equipo de música que yacía, inerte, en un rincón del bar. Le doy al play y comenzó a sonar It´s my life de Bon Jovi.

—¿Esto está bien, jefe? —Preguntó Mark.

—Cualquier cosa está bien —respondió Luke lacónico.

Después de la cerveza, se tomó un bourbon con agua y sacó unos folios de su maletín. Mientras bebía, los ojeaba con aspecto aburrido. No le gustaba el bourbon, pero se suponía que aquello era lo que hacían los abogados, beber bourbon mientras analizaban casos. La barra estaba llena de grasa, y aunque Mark la limpiaba todos los días tres veces, esta no se iba, por lo que los documentos de Luke enseguida se ensuciaron. Por suerte para él aquello solo eran borradores que desecharía en cuanto llegase a casa.

El disco estaba a punto de terminar, estaban sonando ya los últimos compases, cuando Luke guardó los documentos en el maletín, apuró su copa de un trago y cogió el abrigo. Ya iba a despedirse de Mark cuando una hermosa mujer se sentó a su lado. No había nadie más en el bar, todas las mesas estaban vacías y las banquetas estaban repartidas por toda la barra, por lo que si la mujer se había sentado allí, era por algo. Luke se pasó la mano por la barbilla y pensó que a lo mejor no era mala idea el quedarse a tomar otra copa.

—¿Me deja que le invite a algo? —preguntó de golpe. La mujer se giró y sonrió, sus ojos eran negros y brillantes, llevaba un collar que parecía de diamantes y un maquillaje muy discreto. Aquella no era la típica mujer que entraba en el bar de Mark.

—Por supuesto que sí —dijo entonces ella, al separarse de la barra, pareció quedarse pegada a ella —. Mi nombre es Emily, encantada de conocerle.

—El gusto es mío —dijo Luke tomando la delicada mano que Emily le tendía. Sobre estos ojos sí que merecería la pena escribir pensó mientras posaba suavemente sus labios sobre la blanca piel de la mano de la mujer, cuando llegue a casa, lo haré.

Pero Luke nunca llegó a escribir sobre los ojos de Emily. Aquella misma noche, de camino a casa, alguien salió de entre las sombras dispuesto a atacarles. Luke, que quiso hacerse el valiente delante de la mujer, recibió cuatro puñaladas mortales.

Nunca nadie escribió sobre aquellos ojos.

Las siguientes palabras son: reloj y niño… 🙂

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Historias por palabras: Inicio

¡Hola a todos! Bienvenidos a Historias por palabras, una nueva sección con la que he querido iniciar este nuevo año y que procedo a explicaros ahorita mismo.

Yo soy de las que a veces necesitan algo de tiempo antes de ponerse a escribir, calentar motores vaya, y para ello uso algunos trucos y juegos que veo por Internet, por twitter, facebook…Pero sin embargo mi favorito, el que más me ayuda y el que más tiempo llevo poniendo en práctica, es el de escribir tomando como referencia ciertas palabras que puede que no tengan nada que ver. Para esto, tengo dos listas de unas treinta palabras cada una y cuando quiero ponerme a escribir pero siento que estoy floja de imaginación o que las palabras no vienen a mí, las saco y cojo dos palabras, una de cada lista, y trato de escribir un relato con ellas. Es algo corto normalmente, no más de medio folio, no os penséis aquí que escribo historias como churros.

Usando este método (seguro que tiene algún nombre, sin embargo yo le llamo el método de la desesperación) comencé a crear una serie de historias que se fueron encadenando y que son retazos de la vida de los personajes que en ellas aparecen, y me ha parecido interesante compartirlo con vosotros en el blog, por eso todos los jueves subiré la historia escrita con las dos palabras y, además, os diré las palabras de la siguiente semana, por si alguno se anima a jugar con ellas.

Espero que esta nueva sección os guste y que os ayude a desarrollar vuestra imaginación y, sin más dilación, os dejo con las palabras de la semana que viene: ORDENADOR Y PERSONA.

¡A jugar!