#Retodeagosto. Día 16. Cuando se desinfla un flotador.

Parte 2/2

Eva se dejó llevar en volandas hasta la tumbona más cercana y se entregó a los besos de Miguel. El corazón le palpitaba tan rápido que parecía querer escaparse de su pecho. El tiempo estaba casi congelado cuando de pronto se escuchó un ruido repentino y desagradable en la piscina, similar a una explosión de aire comprimido

–¿Qué… ha sido eso? –Eva se subió el tirante de su pijama y se irguió tanto como pudo.

–No creo que nada lo suficientemente importante como para… –Pero Mike se vio interrumpido por Sara.

–¿Estáis bien ahí abajo? –Sacó medio cuerpo por la ventana. Se asomó Cris tras ella.

–Joder, ¿estáis durmiendo juntos? –Mike sonrió a su amigo –. Veo que a otros también se les ha dado bien la noche.

–¿Qué diantres ha sido ese ruido? –Rebeca salió de la casa y llegó corriendo hasta donde estaban Mike y Eva. No pareció alarmarse porque Mike todavía estuviera semi tumbado encima de su amiga, ni por la estelar aparición de Sara en la ventana, acompañada de, lo que hasta entonces, había sido su amor platónico.

–Algo en la piscina –Eva se encogió de hombros, profundamente mosqueada porque su mágica noche se viera sustituida por una reunión de amigos.

–Se ha deshinchado el flotador –Desde arriba, Sara señaló el flotador gigante del Dunckin coffee reducido a un burruño de plástico flotando en la superficie.

–Vamos no me jodas. Tanto para que sea el dichoso… –Protestó Mike.

–No –Rebeca negó con la cabeza, visiblemente preocupada –. Un flotador no se desinfla de esa forma por accidente. Ha, literalmente, explotado.

Eva sacudió la cabeza. No estaba dispuesta a aguantar a Rebeca en otra de sus paranoias fantasías propias de alguien que abusa del género de terror desde que se vició a Netflix. Iba a soltar la mejor de las reprimendas y a proponer al que esperaba a partir de ahora fuese su chico, subir a una de las habitaciones. Pero no pudo hacer nada de eso, pues fue Rebeca quién, de nuevo, se apoderó de la conversación.

–¿Dónde está Carlos?

–¿No estaba durmiendo contigo? No me mires así… Es que ya lo daba por hecho, perdona.

–Pues no, no dormía conmigo. Dijo que iba a dar una vuelta antes de acostarse y… Eso ya ha sido hace mucho rato.

Hubo un intercambio de miradas inquietas; ya no solo Rebeca estaba preocupada. Allí no había gran cosa que hubiera podido entretener a Carlos más de lo necesario. Era, literalmente, un pueblo del interior de Navarra prácticamente desierto, incluso en verano. La casa de sus abuelos estaba rodeada de bosque y un sendero lleno de cardos y hierbajos, nada atractivo.

–¿Y si algún animal…? –Cris intervino por primera vez cuando bajó, de la mano de Sara, y se reunió con el resto.

–Improbable –sopesó Eva– Pero es factible que se haya perdido.

–¿Es que nadie sigue viendo raro lo del flotador? –Rebeca se cruzó de brazos justo antes de que algo impactase contra la piscina. Una especie de proyectil pequeñito se hundió en las aguas a gran velocidad.

–¿Qué…?

Carlos apareció de detrás de los arbustos, casi llorando de contener la risa.

–Joder, Eva, ¿desde cuándo tiene este chisme tu abuelo? ¿Es de la posguerra? –Sacudió en el aire un tirachinas que a saber de dónde habría sacado.

–Eres total y absolutamente gilipollas, Carlos –Rebeca hizo eco de los pensamientos que rodaban la cabeza de todos los allí presentes pero, que saliera de ella, era más impactante aún.

–Vamos hombre, deberíais haberos visto las caras. Os imagino contando la historia a vuestros nietos: Estaba a punto de mojar cuaaaaaaando… Se deshinchó un flotador. Hasta parece una metáfora.

–Me vuelvo a la cama –Sentenció Rebeca, visiblemente cabreada. No se había llegado a girar del todo cuando Carlos agarró su mano, la hizo virar y atrapó su labio inferior entre los suyos.

–…subnormal –Pero sonó tan dulce que nadie le dio credibilidad esta vez.

Que una chica miedosa e insegura llamase la atención del chico más gamberro e inmaduro de la Tierra, era un misterio sin resolver. Así como el motivo por el cual… puede llegar a desinflarse un flotador.

#Retodeagosto. Día 15. Piscina de jardín

Parte 1/2

Eva recordó lo muy nerviosa que estaba las horas previas al fin de semana. No solo por ser la anfitriona de las mini vacaciones más esperadas del verano en la casa rural de sus abuelos, sino porque sus mejores amigas, Sara y Rebeca, se las habían apañado para que a los planes se sumaran Cris, Carlos y el perfecto e inigualable Mike. Aquellos chicos les llevaban gustando desde que el mundo es mundo y por fin habían mostrado un mínimo interés en ellas. Esa era, quizá, razón suficiente para que el corazón se quisiera salir del pecho y notase el pulso carotideo, poplíteo, pedio, radial –y cuantos pulsos recordó de su clase de enfermería— más animados que la música de un After de Chueca.

<<Ah, pero eso era nerviosismo para principiantes>> pensó mientras se recogía un mechón de pelo para volver a colocarlo detrás de la oreja, con aire tímido y resuelto.

Era increíble que ya hubiera pasado casi el ecuador del fin de semana. Atrás habían quedado abrazos, risas, tonteos varios… Pero era la primera vez que estaba a solas con Miguel, mientras todos los demás dormían. Sentada en el borde de la piscina del jardín, con sus pies dibujando círculos dentro del agua, se preguntó qué estaría pensando él, con la vista completamente fija en el fondo de la piscina. Se imaginó protagonista de sus pensamientos, y la temperatura subió dos, quizá tres grados, dentro de ella.

<<Por favor, que ya no somos tan pequeños como para estar sintiendo esta orgía de mariposas en la boca del estómago, Evita>> Se repitió a sí misma tratando de racionalizar sus emociones

–¿Quieres tomar algo? –propuso. Quizá el alcohol animase la conversación.

–¿Queda Radler?

Eva asintió, decepcionada. Por alguna razón, esperaba que la respuesta a su pregunta fuera un pasional: “Te quiero tomar a ti.” Pero, sin darle más importancia, se dirigió a la nevera convencional estándar – Azul y blanca, típica de playa, existente desde el primer día de creación divina– y sacó dos cervezas.

–Atrápala –Lanzó la lata hacia atrás, donde estimaba estaría su amigo. Pero un sonido metálico rebotando en el bordillo la hizo girarse, preocupada –Mira que eres tor…

De repente sintió dos manos enroscarse en su cintura y cómo se escapaba una de las pervertidas y jocosas mariposas de su estómago, para posarse y aletear en su cuello. Qué labios tan suaves…

Eva se giró tan rápido como pudo y besó sus labios, dejando caer al suelo la segunda cerveza.

La piscina del jardín fue el único testigo y escenario de aquel esperado encuentro de dos.

 

 

#RetodeAgosto Día 14, Tren de Domingo.

Último tren

Todos los domingos desde hace tres años cojo el mismo tren, me siento en el mismo asiento y observo a los mismos pasajeros. Diría que, además, todos los domingos contemplo el mismo paisaje, pero eso no sería cierto, el paisaje no es siempre el mismo, cambia de semana en semana, con el paso del tiempo y de las estaciones, lo que veo al otro lado del cristal no es siempre lo mismo. A veces el cielo es de un azul tan prístino y puro que parece artificial, otras veces es negro y está cubierto de espesas nubes que hacen que en mi corazón se instale la pena y en ocasiones, solo en ocasiones, no veo el cielo porque duermo.

Pero hoy es un domingo especial, es un domingo distinto, no es un domingo como otro cualquiera porque este domingo es el último en el que cojo el tren. Esta vez, al montar y ocupar mi asiento, he sonreído pensando que ya nunca más tendré que volver a coger este maldito cacharro y que nunca más volveré a contemplar los parajes que se suceden como borrones de tinta tras los cristales. Tras tres años, por fin todo va a terminar. ¿Queréis conoces mi historia? Pues entonces acompañadme en este último trayecto en tren.

Mi nombre es Juliet, sin una a al final como todo el mundo piensa. El nombre me lo puso mi padre después de que mi madre muriera tras darme a luz, nunca supe por qué eligió ese nombre porque nunca se lo pregunté. Mi padre es un hombre especial, no hablamos mucho, en estos tres años, por ejemplo, nos habremos visto solo cuatro o cinco veces, y apenas hemos hablado por teléfono, pero no se lo tengo en cuenta, sé que para él soy una decepción, pero él para mí tampoco es un gran hombre, así que supongo que estamos en paz.

Como iba diciendo, mi nombre es Juliet –recordad, sin una a al final- y todos los domingos cojo el mismo tren pero…¿a dónde? Os estaréis preguntando. La respuesta es sencilla, todos los domingos cojo el tren que me lleva desde la ciudad al campo, a un lugar de descanso y retiro llamado “El prado verde” porque está situado en medio de un enorme prado verde. Como veis, en “El prado verde” no son muy originales poniendo nombres.

“El prado verde” es un lugar de descanso para gente con problemas y gente problemática, como yo. Ya en la adolescencia mi padre empezó a ver que algo no iba bien en mí, pero no fue hasta que no llegó Megan, su flamante esposa, que no se le ocurrió pensar que yo no era más que un problema, y entonces me mandaron a “El prado verde”. En estos tres años he superado mi problema de adicción a las drogas, mis trastornos alimenticios y una depresión que hizo que estuviera a punto de suicidarme.

Han sido tres duros años en los que la rutina a la que me he visto sometida ha sido muy intensa, pero ahora  por fin todo ha terminado. Ahora que cojo el tren de domingo por última vez pienso que voy a echar de menos “El prado verde”, pero también pienso que, por primera vez en mucho tiempo, voy a poder coger un tren que me lleve a otro lugar distinto como, por ejemplo, el mar. Mi nuevo tren de domingo me llevará al mar porque, quizá, mi vida está programada para coger un tren cada domingo y así evitar romperme en pedazos.

MK!