Reseña: Todas las horas mueren

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  • Título: Todas las horas mueren
  • Autora: Miriam Beizana Vigo
  • Disponible en amazon.
  • Longitud de impresión: 154
  • Editor: Autopublicado; Edición: 1 (1 de julio de 2016)

Sinopsis: El Café de Fontiña se ha convertido en el alma de una villa. Allí, las horas parecen eternizarse. Las tazas están siempre a rebosar, las estanterías plagadas de libros y en la barra lucen siempre unas flores vivas y frescas.

Tras dos décadas, la anciana dueña, Olivia Ochoa, no encuentra motivos suficientes para levantarse y seguir manteniendo la esencia de su Café. Las horas pasadas, como almas perdidas, regresan a su presente y le anuncian que su final no tardará demasiado.

Pero todavía no.

Porque Dorotea llamará a su puerta, como lo hizo Laura, como lo hacen los fantasmas. Y el tic-tac de la escritora deberá seguir sonando, porque sus horas no están resueltas a terminarse.

“Cucarachas. Cucarachas”

Opinión personal: 

Todas las horas mueren no es una novela demasiado larga, y quizá esa sea una de las mayores pegas que podemos ponerle, debido a que atrae desde la primera hoja, que hace que te enganches a ella, que quieras seguir leyendo y sabiendo más sobre todos y cada uno de los personajes. Dorotea y Olivia te conquistan, te adentran en su historia, en sus vidas, y te la muestran con detalles.

La historia brilla por sí misma en cuanto a que te atrapa de una forma magnífica en varios tiempos separados por capítulos: vuelves al presente, rememoras el pasado o viajas al futuro en forma de especulaciones de los personajes. Sin dejar de lado la meticulosa y perfecta descripción del ambiente en el que se desenvuelve, una Galicia que te sumerge de lleno en sus calles empedradas, su humedad, sus olores y sus gentes.

Cabe así mismo destacar, las pequeñas joyas literarias que escribe la autora y pone en boca de la anciana protagonista. Pequeños fragmentos que te adentran en una espiral de nostalgia y que relees, para zambullirte de lleno en los pensamientos de Olivia, pero también hacer una lectura de cómo se siente la autora y meditar sobre quién de las dos habla en ellos.

Respecto al lenguaje, las frases no son enrevesadas, lo que hace que la lectura sea mucho más ágil, pero eso no desprestigia a la novela, sino todo lo contrario: Se trata de un lenguaje accesible para todos los públicos que nos narra una historia de superación, de salir adelante pese a las adversidades.

Como modo de crítica constructiva, quizá no hubiera estado mal que se desarrollase más el pasado de Dorotea, y quizá tampoco estaría mal que hubiese una continuación con el futuro del café.

Que las únicas críticas que podamos volcar en esta historia sean para alargarla, habla muy positivamente de la misma.

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#RetoDeAgosto Día 24. Ukelele.

Era pequeño cuando veraneaba en la casa de mis abuelos, pero aún recuerdo el desván.  Un desván cuyos ventanales dejaban pasar la luz como un filtro de fotografía anaranjado.  Un desván que guardaba recuerdos y secretos de varias generaciones. Recuerdo sentarme en el suelo de los tablones de madera y que en función del ímpetu con que lo hiciera, era mayor o menor la nube de polvo que ascendía.

Recuerdo el sabor del yogurt casero de mi abuela, con un deje agrio, que comía cucharada tras cucharada observando, en medio del habitáculo, las muy recargadas paredes de madera. Solían decirme que no subiera allí, que había arañas y probablemente ratones, que solo encontraría cacharros viejos, que el polvo me haría estornudar. Yo desobedecía de forma casi sistemática. No por rebeldía, sino porque aquel desván me atraía de forma magnética, como si yo fuera el polo opuesto del imán que allí moraba.

Y allí, sin más, contemplaba. No es que fuera un niño asocial, rarito o padeciera alguna clase de anomalía que me impidiera jugar como los demás niños del pueblo. Tengo vívidos recuerdos de mi tiempo allí: Mis partidos de fútbol con los gemelos y mi hermano; las carreras de bicicletas con este último; las excursiones por las eras con mi padre;  y la hija de la vecina que me daba guisantes crudos para comer y tenía gallinas y que me gustaba más de lo que reconocía (La hija, no la vecina). Y sin embargo, si vuelvo a mi infancia, vuelvo a aquel trastero. Vuelvo a las cortinas floreadas que bailaban con la brisa, vuelvo a los discos de vinilo, a las fotos en blanco y negro de plazas de toros y corridas, vuelvo al sombrero de paja de mi abuela, a los ramilletes secos de tomillo, al olor a naftalina y… a aquel ukelele.

Nunca he desvelado el misterio de por qué guardaban ese instrumento allí mis abuelos. Ninguno de los dos ha tocado un instrumento en su vida y, sin embargo, allí reposaba, en una esquina, dejándose acariciar por la fantasmagórica luz nácar, que arrancaba destellos irisados a las cuerdas.

Si vuelvo al recuerdo del desván, vuelvo al ulular de sus cuerdas, al tacto de mis dedos pasar una sola vez, una tímida vez, por sus vetustas entrañas.

 

#Retodeagosto. Día 16. Cuando se desinfla un flotador.

Parte 2/2

Eva se dejó llevar en volandas hasta la tumbona más cercana y se entregó a los besos de Miguel. El corazón le palpitaba tan rápido que parecía querer escaparse de su pecho. El tiempo estaba casi congelado cuando de pronto se escuchó un ruido repentino y desagradable en la piscina, similar a una explosión de aire comprimido

–¿Qué… ha sido eso? –Eva se subió el tirante de su pijama y se irguió tanto como pudo.

–No creo que nada lo suficientemente importante como para… –Pero Mike se vio interrumpido por Sara.

–¿Estáis bien ahí abajo? –Sacó medio cuerpo por la ventana. Se asomó Cris tras ella.

–Joder, ¿estáis durmiendo juntos? –Mike sonrió a su amigo –. Veo que a otros también se les ha dado bien la noche.

–¿Qué diantres ha sido ese ruido? –Rebeca salió de la casa y llegó corriendo hasta donde estaban Mike y Eva. No pareció alarmarse porque Mike todavía estuviera semi tumbado encima de su amiga, ni por la estelar aparición de Sara en la ventana, acompañada de, lo que hasta entonces, había sido su amor platónico.

–Algo en la piscina –Eva se encogió de hombros, profundamente mosqueada porque su mágica noche se viera sustituida por una reunión de amigos.

–Se ha deshinchado el flotador –Desde arriba, Sara señaló el flotador gigante del Dunckin coffee reducido a un burruño de plástico flotando en la superficie.

–Vamos no me jodas. Tanto para que sea el dichoso… –Protestó Mike.

–No –Rebeca negó con la cabeza, visiblemente preocupada –. Un flotador no se desinfla de esa forma por accidente. Ha, literalmente, explotado.

Eva sacudió la cabeza. No estaba dispuesta a aguantar a Rebeca en otra de sus paranoias fantasías propias de alguien que abusa del género de terror desde que se vició a Netflix. Iba a soltar la mejor de las reprimendas y a proponer al que esperaba a partir de ahora fuese su chico, subir a una de las habitaciones. Pero no pudo hacer nada de eso, pues fue Rebeca quién, de nuevo, se apoderó de la conversación.

–¿Dónde está Carlos?

–¿No estaba durmiendo contigo? No me mires así… Es que ya lo daba por hecho, perdona.

–Pues no, no dormía conmigo. Dijo que iba a dar una vuelta antes de acostarse y… Eso ya ha sido hace mucho rato.

Hubo un intercambio de miradas inquietas; ya no solo Rebeca estaba preocupada. Allí no había gran cosa que hubiera podido entretener a Carlos más de lo necesario. Era, literalmente, un pueblo del interior de Navarra prácticamente desierto, incluso en verano. La casa de sus abuelos estaba rodeada de bosque y un sendero lleno de cardos y hierbajos, nada atractivo.

–¿Y si algún animal…? –Cris intervino por primera vez cuando bajó, de la mano de Sara, y se reunió con el resto.

–Improbable –sopesó Eva– Pero es factible que se haya perdido.

–¿Es que nadie sigue viendo raro lo del flotador? –Rebeca se cruzó de brazos justo antes de que algo impactase contra la piscina. Una especie de proyectil pequeñito se hundió en las aguas a gran velocidad.

–¿Qué…?

Carlos apareció de detrás de los arbustos, casi llorando de contener la risa.

–Joder, Eva, ¿desde cuándo tiene este chisme tu abuelo? ¿Es de la posguerra? –Sacudió en el aire un tirachinas que a saber de dónde habría sacado.

–Eres total y absolutamente gilipollas, Carlos –Rebeca hizo eco de los pensamientos que rodaban la cabeza de todos los allí presentes pero, que saliera de ella, era más impactante aún.

–Vamos hombre, deberíais haberos visto las caras. Os imagino contando la historia a vuestros nietos: Estaba a punto de mojar cuaaaaaaando… Se deshinchó un flotador. Hasta parece una metáfora.

–Me vuelvo a la cama –Sentenció Rebeca, visiblemente cabreada. No se había llegado a girar del todo cuando Carlos agarró su mano, la hizo virar y atrapó su labio inferior entre los suyos.

–…subnormal –Pero sonó tan dulce que nadie le dio credibilidad esta vez.

Que una chica miedosa e insegura llamase la atención del chico más gamberro e inmaduro de la Tierra, era un misterio sin resolver. Así como el motivo por el cual… puede llegar a desinflarse un flotador.

#Retodeagosto. Día 15. Piscina de jardín

Parte 1/2

Eva recordó lo muy nerviosa que estaba las horas previas al fin de semana. No solo por ser la anfitriona de las mini vacaciones más esperadas del verano en la casa rural de sus abuelos, sino porque sus mejores amigas, Sara y Rebeca, se las habían apañado para que a los planes se sumaran Cris, Carlos y el perfecto e inigualable Mike. Aquellos chicos les llevaban gustando desde que el mundo es mundo y por fin habían mostrado un mínimo interés en ellas. Esa era, quizá, razón suficiente para que el corazón se quisiera salir del pecho y notase el pulso carotideo, poplíteo, pedio, radial –y cuantos pulsos recordó de su clase de enfermería— más animados que la música de un After de Chueca.

<<Ah, pero eso era nerviosismo para principiantes>> pensó mientras se recogía un mechón de pelo para volver a colocarlo detrás de la oreja, con aire tímido y resuelto.

Era increíble que ya hubiera pasado casi el ecuador del fin de semana. Atrás habían quedado abrazos, risas, tonteos varios… Pero era la primera vez que estaba a solas con Miguel, mientras todos los demás dormían. Sentada en el borde de la piscina del jardín, con sus pies dibujando círculos dentro del agua, se preguntó qué estaría pensando él, con la vista completamente fija en el fondo de la piscina. Se imaginó protagonista de sus pensamientos, y la temperatura subió dos, quizá tres grados, dentro de ella.

<<Por favor, que ya no somos tan pequeños como para estar sintiendo esta orgía de mariposas en la boca del estómago, Evita>> Se repitió a sí misma tratando de racionalizar sus emociones

–¿Quieres tomar algo? –propuso. Quizá el alcohol animase la conversación.

–¿Queda Radler?

Eva asintió, decepcionada. Por alguna razón, esperaba que la respuesta a su pregunta fuera un pasional: “Te quiero tomar a ti.” Pero, sin darle más importancia, se dirigió a la nevera convencional estándar – Azul y blanca, típica de playa, existente desde el primer día de creación divina– y sacó dos cervezas.

–Atrápala –Lanzó la lata hacia atrás, donde estimaba estaría su amigo. Pero un sonido metálico rebotando en el bordillo la hizo girarse, preocupada –Mira que eres tor…

De repente sintió dos manos enroscarse en su cintura y cómo se escapaba una de las pervertidas y jocosas mariposas de su estómago, para posarse y aletear en su cuello. Qué labios tan suaves…

Eva se giró tan rápido como pudo y besó sus labios, dejando caer al suelo la segunda cerveza.

La piscina del jardín fue el único testigo y escenario de aquel esperado encuentro de dos.

 

 

#RetoDeAgosto Día 12. Fiestas en la playa.

Recordó aquel bullicio
de las fiestas en la playa;
Como el viento que se calla,
al filo del precipicio.

Recordó aquellas miradas;
Una hoguera que se enciende,
que con furia arde, prende,
las ilusiones ajadas.

Recordó la arena endeble
bajo sus pies desnudos;
y unos brazos como escudos
que la rodean y envuelven.

Recordó, la vividora,
aquellos tiempos pasados.
Juventud, ¿dónde has quedado?
Mas la muerte se demora…

El tiempo, que nunca entiende,
se llevó, ¡con tal premura!,
Aquella linda hermosura,
Que se va… y que nunca vuelve.

#Retodeagosto Día 9. Farolillos chinos.

– ¡Vuelve a contarlo, papá! –dijo saltando sobre los cojines y aterrizando sobre la cama de su hermana melliza, donde continuó saltando. Sus trenzas castañas bailoteaban al ritmo de los brincos.

– Otra vez Rapunzel no, Olivia. ¡La leyenda del rey Arturo en Camelot! –Rebatió la otra niña cogiendo el globo alargado de la feria que descansaba apoyado en la pizarra. Lo enarboló en el aire como un mosquetero en sus años de decadencia – ¡Excalibur, al poder!

–Pareces un chico, Elvi –Sentenció su hermana justo antes de dar una voltereta lateral que, de no ser por la intervención de su padre, hubiera acabado en el suelo. Tras atrapar a Olivia al vuelo y dejarla en su propia cama, su padre negó con la cabeza.

–Mañana nos vamos de vacaciones temprano. Dijimos que solo una historia…

– ¡Pero siempre elige Olivia, papá! –Protestó Elvira frunciendo el ceño, arrojando el globo al suelo, y cruzándose de brazos.

–Piri simpri iligi Ilivii, pipí –Se burló la aludida con desdén.

–Se lo voy a decir a mamá –Elvira se levantó de la cama y, con paso resuelto, se dirigió a la puerta.

–De eso nada, jovencita –Esta vez fue a ella a la que recogió en brazos y arropó –Buenas noches a ambas –Y, sin opción a réplica, apagó la luz y salió de su cuarto.

–Eres tonta –murmuró Elvira minutos después, tratando de vislumbrar la reacción de su hermana a sus hirientes palabras en la casi total penumbra.

–Bueno, pero soy una chica.

–Yo también soy una chica.

– ¿Ah sí? ¡Excalibur al poder! –Repitió Olivia con sorna y agravando la voz tanto como le podían permitir las cuerdas vocales de una niña de siete años.

–Es que soy una valiente guerrera. Al menos no soy la loca de los farolillos mágicos, no como tú –Se defendió.

–Es que soy una princesa –declaró con una sonrisa–. Y, cuando todos se den cuenta de que lo soy, lanzarán miles de farolillos chinos voladores al cielo, como en el cumpleaños de Rapunzel.

–Las princesas no se tiran pedos.

–Tú también te tiras pedos y huelen peor.

–Yo no soy una princesa. Además, las princesas no dicen la palabra “pedo”.

–Pedo, pedo, pedo, pedo, pedo…

– ¡Cállate ya, Olivia!

–Pedo, pedo, pedo, pedo, pedo…

Elvira, como siempre, terminó por ceder y esperar a que su hermana se agotase. Olivia no tardó en hacerlo y ella no tardó en dormirse. Ah, pero Olivia no podía dormir tan fácilmente. Realmente se imaginó asomándose al balcón principal de un ebúrneo castillo. La hiedra y el musgo treparían zigzagueantes como serpientes por la torre que la recluía y una vez al año… ––No, ¡cada noche, mejor!–, los habitantes de su reino lanzarían al firmamento miles de farolillos chinos de colores, en honor a su princesa, Oli. Aquella idea la reconfortaba y llenaba de optimismo.

Antes de rendirse a un sueño tan acaparador como inevitable, escuchó la tranquila respiración de su hermana y, aunque puede que nunca lo reconociera, pensó que en su reino, jamás existiría una mejor guerrera que su valiente hermana, Elvira.

#RetoAgosto día 3. Tormenta de verano.

Amelia se tumbó en su mullida cama y se la antojó tan suave como la consistencia del algodón de azúcar que venden en la feria o el aleteo de aquella osada mariposa que una vez rozó su mejilla, justo antes de estremecerse, plegar las alas, y por alguna razón, dejarse caer. Se estiró luego cuanto pudo para asomarse por el alféizar de la ventana, con esta entreabierta, para permitir el paso a la corriente y, todo sea dicho, para que también que el olor a ozono característico de las tormentas de verano invadiese su habitación y despejase sus pensamientos.
El día había estado bochornoso, pegajoso y especialmente húmedo. Eso la agobiaba un poco. Tampoco ayudaba que, en días como aquel, su vecindario se revolucionara por completo y pareciera ponerse de acuerdo para invitar a sus familiares y amigos a su pequeño pueblo de vacaciones aun con los riesgos que ello implicaba. Hace tiempo que sabía que su pueblo no era un lugar seguro, no mientras siguiera habiendo desapariciones mensuales. Mas, sin embargo, permanecía impotente contemplando cómo la población,  en días bochornosos como aquel, incrementaba hasta casi duplicarse. Esto sumía a la niña en un bucle de agobio y desesperación. Por si todo ello fuera poco, además de su irascible y extraño humor en esos días, también sentía su cuerpo más pesado e indolente.

Así que allí estaba Amelia en sus vacaciones de verano y, como temía que sucediese, ese estado de incómodo letargo, dio paso a la nostalgia. Amelia se empezó a acordar de aquellos amigos y conocidos a los que no había vuelto a ver, cuyo recuerdo era dolorosamente más difuso conforme avanzaban los días.
Quiso escapar y soñó entonces. Soñó, como tantas otras veces, que abandonaba aquel lugar; que volaba; que huía del peligro de la acusada delincuencia de su hogar; que se reunía en cierto modo con sus seres queridos… Y, conforme lo hacía, se sintió liviana como una pluma y libre como el viento (que por cierto, había acrecentado para entonces su agradable olor a ozono).  Con los ojos cerrados, se dejó llevar a merced de su imaginación con una sonrisa casi fosilizada en su rostro mientras sobrevolaba mentalmente todo cuanto conocía.
Solía hacer esos viajes a menudo, pero algo había en aquel viaje fuera como fuere inusual. Al abrir los ojos, su habitación se había visto reemplazada por una densa y extraña neblina que le trajo de golpe a la realidad. Caía, caía de verdad. El pánico la hizo rebelarse en el aire, lanzando patadas y tratando de asirse a cualquier cosa, aun a sabiendas de que era inútil. Quién sabe cuánto tiempo estuvo cayendo Amelia en aquella tormenta de verano, antes de empezar a disfrutar de la caída. Estiró los brazos y se sintió como aquella mariposa que tras rozarla inundó sus alas y comenzó a caer en picado. Se supo al fin libre de ataduras, dueña de su destino y, al fin, encontró su lugar justo antes de impactar contra el suelo de esa gran ciudad de la que ella nunca antes había oído hablar, salpicándolo todo.

Amelia solo era una gotita más –ahora libre– que había abandonado su nube…

…En una tormenta de verano.

(Ahora te invito a volver a leer el relato, sabiendo la verdadera naturaleza de Amelia:) )

Aturdes mis sentidos

Aturdes mis sentidos. Los engañas con aire burlesco mientras yo me desespero en una turbina de percepciones que anegan de dicha mi mente. Mis sentidos están embotados y como locos por obtener con claridad, con total claridad lo que está ocurriendo. El olor de la felicidad es tan intenso que sumerjo la nariz entre la tela y me regocijo mientras mis pobres sentidos se siguen confundiendo. El olor es tan intenso que alargo la mano en una dolorosa y estridente nada y casi puedo acunar tu rostro entre mis dedos vacíos, aunque mis receptores táctiles se balancean en el aire, sin llegar a tocar nada y una sonrisa aplasta mis pómulos y los aprieta contra mis ojos. El olor es tan intenso que cuando entreabro los ojos en la oscuridad distingo tus facciones y mi sonrisa es tan grande en este momento que mis pómulos apretados comienzan a quejarse de la tensión. Te veo, ¡puedo verte! Pero cuando pestañeo apenas una vez, tu contorno ha desaparecido a una velocidad sobrehumana, y comprendo que tu imagen ha sido parte de mi sobreexcitada imaginación. Los párpados me pesan ante la desoladora noticia pero… el olor es tan intenso que… ¡Que pronto un murmullo leve se abre paso entre mis atañidos tímpanos! Distingo tu voz, aunque nada suena y hundo la nariz tanto en la tela que tengo que respirar a duras penas a través de ella. Mi corazón responde a tu voz como un martillo golpeando una tela de forma incesante y arrítmica, cada vez más rápido. Un corazón de colibrí que late a saltos conforme subes y bajas el tono de tu voz, aunque allí, nada suena. Excitas tanto mis sentidos que me atrevo a recordar tu sabor y me muerdo los labios, que de pronto,  queman.

Sí, embrollas mis sentidos hasta ese punto. Y todo esto es, maldita sea, porque mi cama huele a ti y tú…

tú no estás dentro de ella.

MoniqueAllanPoe

Crítica literaria: “Cincuenta Sombras de Grey”

Como por todos es ya conocido, la saga de la autora E. L. James está triunfando entre la literatura adolescente y no tan adolescente y esto me llevó a preguntarme el por qué. ¿Eran libros que realmente merecían la pena por su novedad temática y su caché literario o de nuevo la sociedad había sido víctima de un mero movimiento de masas? Desde luego, si era lo segundo, casi de inmediato habría rechazado leerlos, pero una vez más necesitaba comprobarlo por mí misma.

Comencé a leerlo y numerosos hechos se me antojaban demasiado parecidos a otro fenómeno de masas de la autora Stephenie Meyer. Los personajes de E. L. James tenían rasgos de los protagonistas y personajes secundarios de la saga “Crepúsculo”: Christian Grey emulaba un muy atractivo joven rechazado y acogido en un amplio y cálido seno familiar; era cuantiosamente rico pero perturbado y maniático en ciertos aspectos que se enamora de la torpe, dulce e inocente Anastasia por alguna razón que hasta ella misma desconoce. Jose es sin duda un Jacob frustrado que compite por el amor de la chica que está perdidamente enamorada del protagonista; Mia suplanta a la joven y risueña Alice obsesionada por la moda; y el peligroso clan que acosa a Edward y a Bella en su respectiva saga, en cincuenta sombras se trata de una destrozada y celosa exsumisa.cincuenta-sombras-de-grey-9788425348839

La similitud tan evidente empezaba a acosarme a cada página que leía y, tras informarme un poco más, descubrí que se trataba de una reciente e innovadora forma de literatura llamada Fanfic. El Fanfic o Fanfiction se trata de escribir una historia propia a raíz de los personajes y sucesos de una obra ya escrita. El Fanfic se efectúa generalmente por fans y se lleva a cabo como un deseo de continuación de una obra ya terminada o imaginar lo que pasaría con la historia si hubiesen sucedido otros hechos.

Al enterarme de aquello, la obra de E. L. James perdió inmediatamente credibilidad y me pregunté si esta autora merecía el reconocimiento que se le estaba dando. A nivel literario, el libro deja sin duda mucho que desear y los hechos siguen un guion que ni si quiera ha estructurado ella. Siempre es más fácil escribir en paralelo que enfrentarse a un papel en blanco exprimiendo toda la creatividad.

El libro, pese a estar lejos de hacer reflexionar al lector, cumple el fin para el que creo que fue creado: entretener. La trama avanza rápido y los sucesos mantienen alerta al lector; sin obviar que el tema del sexo depravado es por sí un imán para todos aquellos que, con o sin pareja, necesitan escapar de su propia rutina y dejar aflorar esa chispa de perversión que, en mayor o menor medida, tenemos todos.

Es recomendable si deseas una lectura ligera con un fin únicamente lúdico, pero si eres una persona con un gusto literario exigente, desde mi perspectiva, esta trilogía está lejos de ser para ti.

(MoniqueAllanPoe)

La parte oscura del Yin Yang

Su caída era previsible, pero nadie era capaz de imaginar que sería desde tanta altura. La ostia fue impresionante. Su cuerpo quedó intacto, y su mentalidad materialista y superficial resopló de alivio. No obstante, sus pilares se destruyeron junto con sus valores, con sus sueños, con su futuro.

Ah… Era como un famoso que tras ser lanzado al estrellato toca techo y desciende todo de golpe. Bien podría darse a las drogas, a la bebida o incluso suicidarse, como alguno de esos artistas. Pero no, él vive consumido en su dolor, en su guarida. Sigue haciendo lo que le gusta, aunque ya no hay aplausos desde las gradas y el foco se niega a apuntarle a él. Ya no hay vítores ni aplausos y toda su puesta en escena es pasto del abandono. Ahora actúa solo para sí mismo y es completamente consciente de que hacerlo es un sinsentido.

Sí, es consciente, claro que lo es; claro que le consume y nubla su alma tal situación; claro que tiene ganas de llorar y gritar, y tirarse de los pelos y clavarse sus propias cadenas en la piel, sumido en la frustración. Pero el orgullo no le permite hacer nada de eso. Sus pensamientos son introspectivos, su dolor también lo es. Y, hoy en día, tiene la cabeza mucho más alta que su autoestima.

Ahora su alma habita en una catedral en ruinas que nunca llegó a terminarse, donde la hiedra y el musgo se adhieren a las paredes y la humedad cava túneles en la piedra. Vive en aquel lugar melancólico aislado de todo contacto con la sociedad, sentándose a recordar o a imaginar. Cuando recuerda su alma se llena de dicha y odio a la vez. Cuando imagina, busca un futuro, una alternativa que sabe que ya no existe.

Un día de aquellos muchos de gloria, recuerdo que le advertí acerca de la fórmula de la inmortalidad, de que las huellas que realmente se impriman no se hacen sobre papel, sino sobre los corazones de las personas a las que queremos. Recuerdo que le dije que las personas son personas y no etapas, que la gente siente con la misma intensidad con que él lo hace, que nosotros lo hacemos. Pero tras la caída comprendí que la lección no debería ser para él, sino para mí: Una chiquilla no puede cambiar el mundo, ni tampoco curar las profundas llagas del pasado de un niño que ha sufrido tanto y cuyo sufrimiento le llevaría inevitablemente a convertirse en la persona desolada que hoy es.

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Y ahora yo soy la estúpida parte del yin yang que se ha llevado toda la felicidad.

(MoniqueAllanPoe)