En el Paraíso son Felices V

 

Lo que se ocultaba tras las puertas, lo que estaba reservado para unos pocos, lo que el Primitivo nunca vería, era la exuberancia, el exceso, el jardín del eterno placer. Allí dentro los colores eran más intensos; los olores, más penetrantes, la vida más…vida. El sol no abrasaba, pero tampoco era un sol que engaña, daba calor y luz en su justa medida, respetando la sombra de los árboles: no quemaba sus raíces. La lluvia regaba el vergel cada día con mimo, sin ira, aquel día que a punto estuvo de inundar la fresca hierba estaba ya más que olvidada.

El Renacido sintió una inmensa paz cuando sus pies abandonaron la aridez de la piedra para zambullirse en hierba verde, cuando sus pulmones se llenaron de un aire fresco que no arrastraba polvo y desolación y sus ojos se humedecieron al notar la frescura del ambiente. Mientras caminaba en silencio por aquellos parajes todavía vírgenes, alzó la vista al cielo y agradeció haber podido entrar en ese lugar, pero no sintió pena por el Primitivo, ni siquiera recordó el rostro que le había dado la vida.

Caminó lo que podrían haber sido eternidades, pero en ningún momento sintió que su camino fuese tortuoso. Cuando tenía hambre solo tenía que alargar la mano y coger las frutas frescas y jugosas que los árboles le ofrecían; si tenía sed, el rocío la calmaba y, cuando sus pies comenzaban a fatigarse, solo tenía que parar, sentarse y cerrar los ojos.

Al principio los animales que habitaban en el Paraíso se acercaban, curiosos, a ver a aquel nuevo ser. Lo olían, alguno incluso se atrevió a dormir a su lado y, al ver que no era peligroso, pronto lo aceptaron entre ellos, pero al Renacido todo parecía serle indiferente, sentía que le faltaba algo, que estaba incompleto. A veces miraba al cielo, sobre todo en la noche, que era muy breve, para ver si allí encontraba aquello que le faltaba, pero nunca parecía ver nada. Pero, entonces, una noche, mientras miraba en silencio a las estrellas – que todavía no tenían nombre – vio algo que brillaba y que cruzaba el cielo justo frente a él. El Renacido encontró nuevas fuerzas al interpretar aquello como una señal y corrió hacia el horizonte en el que se había perdido la luz.

Corrió durante toda la noche, corrió como nunca antes ningún ser había corrido, pues no quería perder su guía y, cuando ya no pudo más, se dejó caer junto a un lago. Al volver la vista al cielo, el negro estaba dando paso al azul cerúleo y apenas quedaban rastros de los puntos de luz. Abatido por primera vez, se dejó caer. El chapoteo de sus pies en el agua del lago llamó la atención de algunos animales, que corrieron curiosos a ver qué producía aquel sonido; pero, de entre todos los animales que acudieron, hubo uno que llamó la atención del Renacido, uno que no había visto antes: era más alto que él, caminaba sobre dos piernas y  sus ojos brillaban como la luz que le había guiado hasta allí.

El Renacido se incorporó y caminó despacio hasta el otro ser, que dibujó una sonrisa en su rostro. Una vez frente a frente, se reconocieron como iguales y, sin poder contener el júbilo, se fundieron en un abrazo que duró eternidades.

Reseña: La costa más lejana

  • Título: La costa más leja (The Farthest Shore)
  • Autor: Ursula K. Legin
  • Género: fantasía
  • Traductor: Matilde Horne
  • Editorial: Minotauro
  • Número de páginas: 240

“Los dragones son, por encima de todo, hermosos”

La magia parece haber llegado a su fin. De todos los confines del mundo llegan aterradoras noticias: los magos y los hechiceros han olvidado las palabras que mantienen viva la magia. A Roke, en donde encontramos a un nuevo Archimago, llega el joven príncipe Arren, quien se embarcará en una aventura de sentido incierto.

De los libros que llevo hasta el momento de Ursula, he de decir que este me parece el más maduro y complejo. Ya Las tumbas de Atuan me pareció una novela llena de matices y de una lectura que distaba mucho de ser algo relajado y para pasar el rato sin más, pero es que con La costa más lejana ha conseguido que ese sentimiento se intensifique.

Esta novela es mucho más dura que las dos anteriores. La situación en la que se encuentra el mundo es deprimente, es de caos. El E          quilibrio se ha roto y la gente se ha quedado paralizada, no sabe cómo actuar. Con esta obra la autora pretendía reflejar situaciones que vivía durante su infancia, reflejar problemas que preocuparon al mundo, quizá por eso esta novela es mucho más cruda y llena de reproches, es una novela que nos invita a reflexionar.

Es cierto que en cuanto a los personajes, volvemos a encontrarnos con muy pocos, básicamente, dos: Gavilán, el mago que decide emprender el camino por recomponer el Equilibrio que se ha roto; y el joven príncipe Arren. Gavilán aquí se nos presenta como un hombre ya hecho y derecho, ha pasado un tiempo desde que recuperase el anillo y ahora vive en Roke, su sabiduría ha aumentado y ya poco queda de ese Gavilán inconsciente que invocaba a los muertos por placer, ahora es un hombre que no habla si no es necesario y que parece haber encontrado y asumido su destino, si tal cosa existe. Arren es un joven impulsivo, un príncipe que no sabe lo que busca, que no sabe lo que quiere. A veces idolatra a Gavilán y otras, en cambio, piensa que ha cometido un terrible error al seguirlo.

La verdad es que poco más puedo decir, ya que siento que si comento más cosas os voy a destripar la novela, así que lo mejor es que la leáis y me pongáis en los comentarios vuestra opinión.

Valoración: 4/5

En el Paraíso todavía son felices IV

BÚSQUEDA

Cuando las puertas del Paraíso se cerraron para siempre para el Primitivo, comenzó a llorar. El Paraíso, aquello con lo que siempre había soñado, ahora le estaba vetado porque había cometido un pecado que ni sus dioses de barro podían perdonar. Pasó mucho tiempo en el suelo, llorando, pensando en lo que había hecho y en qué camino tomar. Cansado como estaba y sin esperanzas, solo podía esperar que la Muerte Eterna fuera a por él. Pero los dioses no iban a ser tan compasivos.

Una noche, cuando el sol abrasador se escondió y apareció la benevolente luna, el Primitivo cerró los ojos y se acurrucó sobre sí mismo. Estaba cansado y pensaba que aquella noche sería la última. Se equivocaba. Durmió durante muchos días. El sol y la luna cuidaron su cuerpo inerte día tras días, noche tras noche; mientras tanto, los dioses que lo había creado y que ahora lo odiaban, le dijeron lo que tenía que hacer si quería entrar al Paraíso, le dijeron cómo podía expiar sus pecados. El Primitivo aceptó y ellos curaron su cuerpo enfermo; rejuvenecieron sus doloridos miembros y cubrieron su piel para que las inclemencias del tiempo no lo torturasen.

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Cuando el ser Primitivo abrió los ojos, estos no parpadearon ni se sorprendieron de la luz del sol que, por primera vez, no le hizo daño. Se puso en pie y sintió que sus energías estaban renovadas, incluso parte de la tristeza había desaparecido. Tocó la puerta del Paraíso una vez más y, sin mirar atrás, reemprendió el camino, deshaciendo los pasos que le habían llevado hasta allí.

A su alrededor, todo era desierto. Los seres que una vez fueron sus amigos huían despavoridos, pero a él no le importaba. Solo tenía una cosa que hacer: encontrar al ser que había nacido de la sangre de su compañero muerto y devolverlo al Paraíso, al lugar al que pertenecía. Quizá, si lograba cumplir ese objetivo, él también podría entrar a la Tierra de la Fertilidad y olvidar todo el dolor que había sentido.

Quizá…

Reseña: El Cíclope

  • Título: El Cíclope
  • Autor: George Lovecraft
  • Género: fantasía
  • Editorial: Círculo Rojo
  • Número de páginas: 118
  • Precio: 10,92€ (podéis comprarlo aquí)

“Imponía con lo sublime”

George Lovecraft es el nombre bajo el que se esconde Jorge, un madrileño nacido en 1998 que nos presenta su segunda obra, siendo la primera la obra de teatro Las alas de la diosa.

Como ya sabéis, recientemente he comenzado a colaborar con la editorial Círculo Rojo, que ha tenido a bien remitirme el ejemplar de esta novela, ya que fue novedad del mes y me llamó bastante la atención, ya que todos sabéis lo aficionada que soy a la literatura de terror y, en especial, de la obra de Lovecraft. Por eso lamento tener que hacer esta reseña, ya que la opinión no va a ser buena, desde aquí os lo aviso.

El argumento de la obra es confuso y bastante incoherente. Todo sucede en Transtime, una ciudad que no aparece en los mapas y que parece ser la cuna de una secta evolucionada de los masones. Según la novela, nos encontramos con que hay una realidad paralela en donde un gran Cíclope gobierna y solo se puede acceder a ella rompiendo unos sellos.

Como ya he dicho, es una obra confusa e incoherente, bastante inconexa. Hay varias historias que se entremezclan pero sin ningún fin, y la sintaxis y el lenguaje que usa es enrevesado. Hace un uso y abuso de la adjetivación, abundando las descripciones inútiles. Las frases son muy cortas, pero lejos de darle agilidad al texto hacen que sea una lectura tensa, porque estas frases a veces no están relacionadas. Los tiempos verbales cambian a placer, lo que hace que sea muy difícil seguir el hilo de la narración. Estos dos hechos, el uso de la adjetivación y las frases cortas, me dan a entender      que el autor quería conseguir un lenguaje muy visual, pero no lo consigue.

Las descripciones son bastante burdas. Sé lo difícil que es describir, pero en este caso es algo que me ha sacado de quicio. En la ciudad de Transtime he visto un parecido muy lejano a lo que Lovecaft describía en sus ciudades: construcciones imposibles. Pero creo que el autor ha carecido de maestría para hacernos imaginar esta ciudad. Un lector que desconozca la obra de Lovecraft probablemente no entienda nada.

Mientras procedía a la lectura de El Cíclope me he sentido muy agobiada, porque no había nada que me incitase a seguir la lectura. Es más, cada página fue bastante costosa de leer y agradezco que la lectura fuera corta, porque no sé si habría sido capaz de terminarla.

No me gusta hacer este tipo de reseñas, la verdad es que sabéis que suelo buscar algo a lo que aferrarme cuando una novela no me gusta, pero en este caso no he encontrado nada que pudiera hacer de su lectura una experiencia agradable.

Escribir es difícil, muy difícil, soy consciente de ello. Espero que mis palabras animen al escritor a seguir escribiendo y mejorando su manera de narrar, porque una primera no siempre es lo que todos esperamos.

Valoración: 2/5

En el Paraíso todavía son felices III: Renacer

Cuando el ser volvió a abrir los ojos, se topó con la puerta que no había podido abrir. Parecía que había pasado mucho tiempo, pues ya no estaba en el mismo entorno. A sus espaldas todo había sido devorado por el desierto que había dejado atrás en su loca huida. El sol brillaba en lo alto del cielo y abrasaba su piel, que poco a poco se fue desprendiendo de su carne, otorgándole un aspecto frágil y aterrador a la vez. Escocía, picaba y dolía, pero no se quejó: sabía que era su castigo.

Aunque el desierto había avanzado, todavía parecía respetar la frondosidad que había tras las puertas. Y, entonces, se hizo la pregunta que había estado rondando por su atormentada mente, ¿cuánto tiempo había estado allí tirado, derrotado por el miedo y el remordimiento? No lo sabía. Bien podían haber sido años, siglos o eternidades.  No era capaz de recordar nada más que el dolor de la muerte.

Con las piernas temblando por el esfuerzo, logró acercarse a la puerta, sobre la que se dejó caer sin apenas fuerza. La aporreó, pero no sirvió de nada y, en un acto desesperado, cogió una piedra y la lanzó contra la madera, que no se resintió.

Agotado, el ser se dejó caer, rozando su espalda, de la que comenzó a manar una sangre espesa y pesada, más negra que roja, pero que destellaba al sol como una piedra que sus ojos nunca había visto y que, probablemente, nunca vería: los rubíes. La sangre se mezcló con  la tierra seca y la nutrió, se bebió su vitalidad y comenzó a reverdecer, pero el ser estaba demasiado sumido en sus cavilaciones, arrepintiéndose de sus pecados y no se dio cuenta.

Alzó los ojos al cielo y rezó a los que habían sido sus dioses, pero estos hacía mucho tiempo que habían muerto: desaparecieron del mundo en el mismo momento en el que acabó con la vida de su compañero. Pero sus súplicas fueron atendidas y de la sangre derramada surgió un nuevo ser. No era exactamente igual al que se perdió, pero sus rasgos eran parecidos. El Ser Primitivo sonrió, pero el Renacido de la sangre se apartó, tembloroso. El Primitivo le tendió una mano que ya no sangraba, pero que estaba recubierta de barro, en gesto amistoso; el Renacido la aceptó receloso y, entonces, comenzaron a comunicarse. Al principio sus gestos eran torpes: uno hacía mucho que no se relacionaba con nadie y el otro todavía desconocía las convenciones sociales, pero poco a poco lograron hacerse entender y llegaron a la conclusión de que solo podrían encontrar descanso tras las puertas.

Los dos juntos comenzaron a empujarlas y, poco a poco, estas fueron cediendo. La luz del Paraíso los fue alumbrado pero, a la hora de pasar, solo uno de ellos pudo hacerlo: el Renacido. El Primitivo se quedó a las puertas, sabedor de que dentro de aquel mundo no podría sobrevivir, que su misión había terminado. Que dos eran necesarios para abrir las puertas, pero solo uno podría atravesarlas.

Mientras veía a su compañero abandonarlo sin mirar atrás, el ser Primitivo dio media vuelta y supo lo que tenía que hacer: necesitaba encontrar al Renacido de la sangre de su compañero y guiarlo hasta aquellas puertas. Juntos, podrían abrirlas y, una vez que estuviera a salvo, podría reunirse con su compañero.

En el Paraíso son felices II: Caída

Durante mucho tiempo los seres de barro vivieron en el desierto, felices en un ignorancia, temedores de lo que se abría frente a ellos y desconocedores del futuro. El sol seguía secando su piel, seguía quemando sus rostros y les provocaba sed, pero a ellos no les importaba. Eran fuertes y resistentes y se tenían el uno al otro, no necesitaban nada más. Los pequeños ídolos de barro creados por el primer ser ahora ocupaban un lugar especial bajo la sombra de una triste planta, mustia y marchita, que daba algo de sombra en las horas más calurosas del día. Cuando necesitaban algo lloraban frente a ellos y, a veces, sus súplicas eran oídas. La palabra todavía no había sido inventada y solo salían de sus gargantas sonidos guturales, pero a ellos aquello no parecía importarles.

Y aunque todo era bonito, llegaron las peleas. Una eternidad junto a la misma persona puede ser duro.

Hubo un verano tan caluroso que ni siquiera los ídolos pudieron llevar el agua. La piel de los seres se quebró en mil esquirlas, sus labios se agrietaron y sus ojos quedaron vacíos de todo poder. Los días eran abrasadores y las noches, heladoras. El único momento de descanso que tenían era aquel en el que el sol y la luna se fundían, pero era tan breve que apenas podían saborearlo. Y entonces una chispa se encendió en la mente de uno de los seres: a lo mejor había un lugar mejor en el que vivir.

Discutieron.

El Segundo ser quería irse, ver otros lugares. No podía creer que los ídolos que los habían creado no hubiesen pensando en darles algo mejor. El Primero estaba contento con su vida. Era dura, sí, pero también era tranquila. No quería abandonar su hogar.

Discutieron más.

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La discusión se alargó durante días. Los animalitos que vivían en ese pedregal se congregaron a su alrededor y los observaron curiosos. Y entonces pasó lo inesperable. El Segundo se cansó y rompió los ídolos. Partió en mil pedazos a aquellos seres que lo habían creado. El Primero no supo qué hacer o qué decir, se quedó quieto, bloqueado, con su cara deforme desencajada, con los ojos inyectados en sangre, pero paralizado. Aquellos ídolos lo eran todo para él. Y entonces pasó.

No quedó nada del Primero, pues los animales, al ver el festín, se abalanzaron sobre él. El Segundo, cubierto de sangre, dejó caer la piedra que había utilizado y salió corriendo. El sol abrasador lo observaba inquisidor, lo quemaba con más fuerza que nunca, pero no se detuvo. Corrió hasta que cayó sobre sus rodillas, arañándoselas. Y su sangre se fundió con la del Primero. Pero tampoco eso lo detuvo. Se puso en pie y siguió corriendo. Y volvió a caer. Y volvió a levantarse.

Y así hasta siete veces.

Al alzar el rostro, bañado en sudor y lágrimas por séptima vez, se dio cuenta de que ya no corría sobre un suelo árido y que el sol parecía golpearlo con menos fuerza. Sentía cierto frescor y oía sonidos hasta entonces desconocidos para él. Y se dio cuenta de que no todo era color ocre, sino que había una nueva tonalidad frente a él: el verde

Y con fuerzas renovadas se puso en pie y siguió caminando, pero algo le impedía pasar, como una muralla de vegetación que parecía impenetrable. Siguió caminando, pero no había forma de entrar en ese lugar. Y entonces, con su último aliento, llegó frente a unas puertas que no pudo abrir, porque se necesitaban dos pares de manos para tirar de las argollas.

Y así, a las puertas del Paraíso, sucumbió el Segundo

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Aquí os dejo la segunda parte de la historia que comencé la semana pasada. No sé muy bien a dónde me va a llevar, pero espero que sigáis acompañándome en esta aventura.

Reseña: Percy Jackson V

  • Título: Percy Jackson y los dioses del Olimpo V. El último héroe del Olimpo.
  • Autor: Rick Riordan
  • Traductor: Santiago del Rey
  • Editorial: Salamandra
  • Número de páginas: 346

“El mar mismo se encontraba desgarrado entre dos ejércitos”

Por fin llegamos al final de la saga de Percy Jackson. En El último héroe del Olimpo nos encontramos de lleno en el fragor de la batalla. La épica pelea que desde el comienzo se estaba fraguando, llega a su fin. En esta novela encontramos la mítica batalla entre Titanes y Olímpicos, solo que hay una pequeña variación: los héroes.

En la última entrega de la saga encontramos que todos los héroes se reúnen y pelean, a pesar de sus rencillas internas, por un mismo valor: el de la amistad.

Aunque el narrador sigue siendo Percy, quien no ha madurado demasiado, la historia que se narra es mucho más interesante que en las novelas anteriores, ya que aquí no son todo episodios aislados que al final acaban teniendo un fin común, si no que se narra el desarrollo de toda la guerra.

Repito, Percy no ha madurado y sigue pareciéndome un personaje plano. Lo mismo que me pasa con Annabeth. Se supone que son los dos protagonistas, pero no me parece que a lo largo de la novela hayan evolucionado, lo que sí que creo que pasa con los demás personajes, en especial con Clarisse.

Clarisse, que empieza siendo odiosa, ya hace cosas que le hacen ganar puntos en novelas anteriores (en especial en La batalla del laberinto) en esta última entrega termina de demostrar su valía y arrojo. Es cierto que la sangre le puede en ocasiones, pero aquí aprende a canalizarlo hacia cosas positivas, lo que hace que Clarisse ocupe uno de los puestos principales del ranking de personajes que molan en esta saga.

Otro de los personajes que gana puntos (o que siempre estuvo en el top, para que engañarnos), es Tyson. Desde que lo conocí se convirtió en un personaje al que admiraba. Quería a Percy a pesar de todo, lo admiraba solo porque era su hermano mayor. No se daba cuenta de que era un inútil y que sin él no hubiese ido muy lejos, pero qué le vamos a hacer, a veces los hermanos pequeños son así. Aunque tampoco sea un personaje que aparezca continuamente, creo que su papel es bastante interesante y relevante para la trama, lo que hace que me sienta muy feliz, ya que me temía un final trágico para él.

“¡Pol Mejillón”

En cuanto al final…Eso sí que ha sido sorprendente. Reconozco que no todo me ha gustado y que yo hubiese cambiado un par de cositas, pero bueno, en líneas generales creo que ha sabido hacer un final realmente increíble y poco esperado, lo que le da un valor que las demás novelas no han tenido.

Siento que esta reseña no sea mucho más extensa, pero después de cinco novelas creo que ya es poco lo que me queda por decir, así que haré una valoración general, basada en mi experiencia: creo que es una saga bastante plana. Entiendo que la primera novela es para niños, por lo que tiene un pase, pero Percy no madura. Y eso me parece muy aburrido. También me parece que repite el mismo esquema argumental durante cuatro libros, lo que acaba aburriendo, a pesar de que son novelas bastantes cortas. Si bien es cierto que he notado que en este último libro la tónica general es más dura y argumentalmente la trama está más trabajada, creo que es un giro demasiado brusco.

Tampoco os voy a decir que no la leáis, si queréis unas novelas cortas y que os entretengan en una tarde aburrida de verano, puede ser una lectura interesante. O si queréis iniciar a vuestros hijos/sobrinos/vecinos/niños aleatorios en la lectura y la mitología, también.

En breves supongo que comenzaré con la siguiente saga del autor, así que ya os contaré qué me parece.

¡Hasta la próxima!

Valoración: 4/5

Novedades de mayo editorial Círculo Rojo

Como ya sabéis, he comenzado a colaborar con la editorial Círculo Rojo, por eso me complace hacer esta entrada mostrando las novedades de este mes de mayo, algunas realmente interesantes, a las que estoy deseando poder hincar el diente.

Son muchas las novedades que podemos encontrar este mes y podéis mirar el catálogo completo pinchando aquí, ya que no puedo comentar todos los libros de la manera que me gustaría.

Dentro de las novedades, hay algunas que me han llamado especialmente la atención el libro de microrrelatos de terror que han publicado por la celebración del segundo centenario de la publicación de Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley. La verdad es que no soy demasiado fan de este monstruo de nuestros imaginario, pero el terror me puede y la verdad es que, de todas las novedades, esta es la que más llama mi atención.

Además este mes me complace ver que hay una gran cantidad de libros de relatos, si bien es cierto que la novela sigue ganando terreno. Yo soy muy aficionada a este género, me parece que con el ritmo de vida que llevo actualmente la lectura de relatos es lo que más me relaja y lo que menos me cuesta leer. Algunos de los títulos que podemos encontrar son Lobo. El solitario de la montaña palentina, de Diego de Membiela; El Cíclope de Geroge Lovecraft (con ese nombre, creo que ya sabéis que me tiene ganada) o Entre trazos. Relatos de Atroreth de David Sandó.

Por supuesto, también encontramos varios poemarios, aunque en esta ocasión me voy a abstener de leer poesía, debido a la última experiencia que tuve (podéis leer mi reseña de Vorágine si todavía no lo habéis hecho) creo que voy a tardar en solicitar un ejemplar de este género.

También encontramos algunos libros infantiles, como L´Ocellet emprenedor de Núria Bravo García y algunos libros de autoayuda (género al que tampoco soy muy aficionada).

Y estas son algunas de las novedades, os recuerdo que podéis verlas más detenidamente en la web de la editorial. Y si leéis alguna de ellas podéis dejarme un comentario con vuestra opinión para tenerla en cuenta para futuras colaboraciones.

Un saludo y hasta la próxima.

En el paraíso todavía son felices

GÉNESIS

Luz. Mucha luz. Un cielo azul y brillante, el arrullo del agua meciéndose y saltando entre las rocas. Animales hace tiempo desaparecidos bebiendo en las orillas, respetando una tregua que nadie ha pactado en medio de una guerra no declarada. Aquello parece el paraíso.

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Pero entonces el cielo se oscurece, al principio ningún ser vivo parece darse cuenta, de lo lento que va pasando. Un viento traicionero arrastra lentamente una pesada nube a punto de dar a luz. La nube se resiste, pero pesa tanto que el viento, que ha ido perdiendo fuerzas, deja de arrastrarla. Cuando el sol se desaparece, los animales alzan la vista y miran sorprendidos a lo que lo oculta: nunca han visto la nube. Cuando el agua empieza a caer se asustan, pero enseguida comprueban que aquello es como lo que han estado bebiendo y pierden el miedo, continuando con su vida. No saben que pronto esta acabará.

Lejos del Paraíso, aunque no tanto como para evitar que el agua de la lluvia llegue, hay un yermo al que los animales apenas se acercan. El suelo es árido y siempre quema, la verde hierba no germina y el seco suelo absorbe toda el agua. No hay un árbol que de sombra, solo grietas que dan cobijo a los pocos que se han atrevido a hacer de ese lugar su hogar. El agua que llega en aquel día no es, ni mucho menos, tan abundante como en el Paraíso, pero sí suficiente para que el suelo se nutra y se forme barro. Los animales se ven obligados a salir de sus grutas y correr hacia el bosque para no morir ahogados, por lo que nadie ve lo que allí sucede.

Cuando las lluvias cesan, el barro permanece. Y entonces comienza a cobrar vida. Se retuerce, forma burbujas que estallan en una horrenda explosión, gime y llora y desgarra el silencio. Como una masa de gusanos devorando un cuerpo putrefacto, comienza a cobrar forma. Es un proceso lento y doloroso, pues el sol ha comenzado a brillar de nuevo y seca el barro, pero este es más fuerte de lo que parece y al final emerge un ser de apariencia endeble. Es más grande que los seres que habitan en el desierto, que lo observan entre temerosos y curiosos. Camina sobre dos piernas, está desnudo y sus ojos reflejan el terror.

Al principio está solo. Se queda quieto sintiendo la mordedura del sol, que va secando su piel, que se resquebraja y cae al suelo, dejando ver una carne blanda que enseguida se enrojece. Y entonces viene el hambre. Es una picadura en el vientre, un dolor lacerante en el costado, un pinchazo en los pulmones. Es todos los males que se pueden experimentar en ese momento y que no sabe cómo paliar. Mira asustado a su alrededor y lanza un rugido que en el Paraíso se oye ahogado. Y entonces comienza la locura.

Cuando descubre cómo paliar ese dolor, llegan otro gran problema: la soledad. Allí, en medio de la nada, se siente solo. Su mente se llena de brumas; sus ojos, de lágrimas; su corazón, de tristeza. Duele. Quema. Abrasa. Entonces intenta hablar con lo que lo rodea, pero solo se encuentra con el silencio más absoluto. Y vuelve a alzar los ojos y suplica para que de la misma tierra de la que él surgió, surja alguien más.

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Y después de muchas lágrimas derramadas, a sus pies se forma un pequeño charco. Y compadeciéndose del ser, el viento arrastra otra nube, que descarga esta vez todo su contenido sobre él, que salta de alegría, que se empapa el rostro con uno de los líquidos de la vida, que chapotea feliz y que moldea con sus manos pequeñas representaciones de él mismo, todas burdas y deformes, todas sin vida. Y cuando cree que ya no va a poder remediar su soledad, aparece otro ser. Se parecen mucho, pero no son iguales, sus rostros, su anatomía, es distinta, pero dentro de los dos late el mismo corazón. Se ven. Se abrazan y lloran, y entonces aparece, por vez primera, el impulso sexual. Llega de manera suave y culmina con un grito de guerra, con el agua inundando una vez más el barro y con el surgimiento de un ser más perfecto aún, porque ha nacido de otro barro.

En el Paraíso todavía son felices.

 

 

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Parece ser que la inspiración vuelve poco a poco mí, y aunque últimamente me he centrado mucho en las reseñas y en los retos de escritura, me apetece volver a retomar los relatos. No sé con qué frecuencia los actualizaré, intentaré que sea con bastante, pero no quiero forzar la máquina.

La idea sobre lo que quiero escribir está clara, esto ha sido solo un principio de algo que espero que me acompañe durante mucho tiempo. Espero que vosotros también me acompañéis en esta nueva aventura en la que me embarco.

¡Hasta la próxima!