#RetoCitauraFebrero

“LA ESCRITURA ES UN ACTO DE AUTOHIPNOSIS” (S. King)

citaura

Y aquí están los relatos que nos habéis mandado. Muchísimas gracias a los participantes y esperamos que para la siguiente os animéis más aún.

En primer lugar pongo mi propia creación, la verdad es que después de ver lo que habéis mandado me da un poco de vergüenza enseñar lo mío, pero como una de las creadoras del reto supongo que no me queda más remedio que enseñarlo:

Las palabras fluyen de mi mente hacia la pluma. Se diluyen en la tinta, mueren ahogadas en el papel y yo me quedo seca. En esas palabras se va mi espíritu, se va mi vida, mis anhelos, las palabras lo son todo…Pero cuando dejo la pluma, cuando aparto el papel y las letras desaparecen de mi vista, regreso al mundo real, un mundo de dolor y frío, un mundo vacío en el que mis palabras probablemente serán olvidadas.

Cuando me preguntan para quién escribo, siempre respondo que para mí, porque como dice Cortázar, escribir es dibujar mi mándala y recorrerlo, es sumirme en un estado de semiinconsciencia en el que el tiempo pasa a una velocidad distinta, es ser yo misma. Pero luego, cuando los ojos se abren, ya no somos tan felices. Una vez lo dejas, rompes el sueño y, entonces, vuelves a ser un mortal más.

Escribir es la única forma de dejar liberar esos miedos ocultos que duermen en nuestro subconsciente. Escribir es la única forma de liberarte de tus fantasmas, de dejarlos libres y poder soportar un mundo que cada día es más oscuro, más gris.

La siguiente aportación es de nuestra seguidora Carmen, ella fue la primera en mandarnos su historia:

Aprieto su mano con la fuerza de la desesperación. La lluvia interna nos moja y cada gota de agua se clava en mi pecho, porque sé que es una despedida. Miro esos ojos que me han acompañado durante tanto tiempo y veo los míos propios reflejados en ellos.

Yo, que he estado con ellos tanto tiempo, que los he hecho reír, que los he hecho llorar, que he disfrutado de cada parpadeo… yo, que los creé, me siento incapaz de saber qué siente ahora, al pensar que no volverá a verme.

-Cuando cuente tres –dice-, despertarás de este sueño que es mi historia. Uno…

-Ha sido un placer hacer este viaje contigo.

Sonríe.

-Dos…

-Gracias por dejarme escribir este sueño.

-Tres.

Y despierto, frente a la hoja llena de letras en las que están dibujados aquellos ojos que ya no volveré a ver más. Es una tristeza agridulce. Miró las últimas letras. Ya es tarde, ya he salido del sueño. Ya se ha acabado su historia.

Sonrío al escuchar sus últimas palabras en mi cabeza. Gracias a ti por escribirla.

 

Nuestra siguiente entrada la manda Eréndida Alfaro (click aquí para visitar su blog):

“SOBREVIVE ESTE RETO”

El reto de esta semana tenía días rondando en mi cabeza y por alguna razón las palabras no lograban formar las frases que me gustarían, siempre terminaban corriendo en el sentido contrario al que deseaba. Supuse que no podía evitarlo, el romance era tan parte de mí, que incluso podía sentirlo al saborear el café amargo que me acompañaba.

Había intentado por todos los medios, en una semana, empaparme de un género que no disfrutaba de nada, pero había asumido el reto, no iba a rendirme justo ahora. Las películas más terroríficas me provocaron tantas pesadillas que, a este día, el nivel de cafeína en mi cuerpo era directamente proporcional a mi falta de sueño. Temía cerrar los ojos y volver a sentirme la protagonista de otra historia de horror.

Quedaban apenas unas horas para finalizar el periodo de tiempo y yo debía escribir. Las ideas se habían acumulado. En mi cabeza no había más que escenarios haciéndome temblar. Solo debía ponerlas en el archivo Word que había abierto hace minutos y felizmente terminaría. Pero tantos escenarios no eran buen recurso. Tantas posibilidades me estaban dificultando el trabajo.

En un momento de frustración, patéticamente pensé que lo que fuera estaría bien, solo debía cumplir el reto y ya estaba. Solo debía escribir cualquier cosas y presumir que di mi mayor esfuerzo. Y me odié por ello. Yo no era una escritora mediocre, o al menos es lo que me gustaba pensar y, como castigo por haber aceptado que tal pensamiento surgiera, me propuse escribir de lo que más miedo me daba. Los fantasmas. Aunque no existieran en realidad.

Un alma penando en el nuevo departamento de mi protagonista, esa fue la idea inicial. Un alma buscando saciar su sed de sangre, queriendo eliminar a cuanta persona se atrevía a irrumpir en la escena donde ella había muerto y ahora vagaba. La fantasma estaba molesta, y la nueva inquilina era ruidosa. La música siempre sonaba, las luces no se apagaban ni para dormir. Así que la estaba molestando bastante.

Mientras describía la tormentosa noche en que la oscuridad debido a un apagón local apoyaba al espectro para alcanzar a la chica que le robaba la poca paz que tenía, cada ruido en mi casa me hacía estremecer. Maldije mi manía de meterme en el texto, en esa imperiosa necesidad de imaginar sentir lo que sentían mis personajes para poder describir mejor las escenas, y me quedé sin aire cuando azotaron la puerta.

Escribir me embobaba, cuando mis dedos comenzaban a teclear el exterior solía desaparecer menudamente, sobre todo cuando las escenas eran intensas. Entonces me olvidaba incluso de quién era yo para convertirme en la chica asustada de que el fantasma se posara detrás de ella.

Mis cuerpo se puso rígido y mi respiración se hizo pesada, estaba a punto de escribir la escena final, esa donde aún no decidía que ocurriría, se lo dejaría a mis emociones, ellas trazarían la ruta, ellas ayudarían a sobrevivir a la chica o le darían la victoria a un fantasma.

Tenía a mi protagonista contra la pared, con algunas heridas en el cuerpo, sangrando levemente, pero temblando de pies a cabeza mientras rezaba oraciones incompletas, olvidadas debido a tanto tiempo sin decirlas, cuando algo pesado y sonoramente escandaloso cayó detrás de mí, obligándome a volver a mi realidad y morir en ella por tremendo susto.

Mi hermana me había pedido un favor, uno que no recuerdo si no escuché o me olvidé de él por ponerme a escribir y, en venganza, se decidió a darme un susto de muerte. Pero yo no podía evitarlo, la escritura es un acto de autohipnosis. Por eso siempre que me sentaba en ese rincón de mi habitación, donde no había más que una blanca pared de fondo, me perdía del mundo y de mí misma, y me transformaba en quien necesitaba ser para que una fantástica historia ocurriera.

Al final mi protagonista murió, y no fue el fantasma quien lo hizo, fue un infarto provocado por tanto miedo, después de todo ahora tenía una buena referencia de cómo sería morir de un susto.

El siguiente “granito de arena” como ella misma nos dice, es de Little Moonbow del blog almaescritora:

EL GENIO DORMIDO

“La escritura es un acto de autohipnósis.” Por esa razón, tras meses de frustrados intentos de componer una novela, Roger decidió hipnotizarse a sí mismo. Probó a hacerlo durante una hora, y el experimento tuvo tanto éxito que a esta le siguieron muchas más, hasta que la autohipnósis terminó por convertirse en un acto inevitable. Pasaron los meses y las palabras continuaban fluyendo de él como un torrente imparable. Roger apenas comía ni dormía, ya solo vivía para escribir. Con el paso del tiempo aquel ritmo de vida comenzó a hacer mella en su salud, y llegó el fatídico día en que su médico le dijo que debía parar o le costaría la vida.

Para entonces, Roger ya había publicado tres novelas que le habían otorgado renombrada fama. Tras mucho cavilar llegó a la conclusión de que con lo que ya tenía se daba por satisfecho, amén de que renunciar a la autohipnósis no significaba renunciar a escribir por completo. De manera que aquel día se fue a dormir sin poner en marcha su acostumbrado ritual. Sin embargo, cuando despertó sintiéndose terriblemente cansado y descubrió un taco de folios manuscritos sobre su escritorio comprendió que el genio que había creado no estaba dispuesto a conformarse. Por más que Roger lo intentara impedir, el genio dormido regresaba cada noche para continuar su tarea. Así llegó un momento en que Roger ya no podía dormir. Decidió hacer del insomnio su aliado y se sentó frente al escritorio, pluma en mano, dispuesto a escribir de forma consciente por primera vez en mucho tiempo. Pensó que si demostraba al genio que ya no le necesitaba, este desaparecería. No podía estar más errado. Descubrió con horror que su genio dormido había aflorado en su mente como una nueva personalidad, y consideró aquel intento fútil de deshacerse de él como un reto.

Aquella noche hubo una frenética lucha que solo tuvo lugar en el papel. La tinta corría a raudales y las palabras tornaban su fiereza cada vez que Roger perdía la capacidad de controlar el movimiento de su propia mano. Era como si la personalidad que él mismo había creado se hubiera cansado de estar relegada a la inconsciencia y tratara de hacerse con el control absoluto de su cuerpo. El agotamiento comenzó a hacer caer de su frente gotas de sudor que emborronaban la tinta y a desbocar su corazón de una forma dolorosa, como su quisiera hacer estallar el esternón y liberarse así de su cárcel de hueso. Pero su mano seguía escribiendo, aun cuando la notaba adormecida y la pluma parecía colgar lánguida entre sus dedos. Finalmente, desfalleció. Una sonrisa siniestra se dibujó entonces en los labios de Roger: El genio había ganado.

El siguiente, titulado “Ficción” es de Roxana B. Rodríguez, podéis ver su blog aquí

Ficción

El ogro terminó de cortar el árbol, al lado del dragón que suspiraba nostálgico y de cuando en cuando, una chispa se le escapaba de sus fosas nasales y acababan teniendo más problemas que nunca para controlar el incendio que provocaba por sus constantes suspiros. Necesitaban hacer algo con ello.

El hombre de hojalata llegaba con los cubos de agua rápidamente desde el río. Sus articulaciones oxidadas hacían ruido al caminar. Pero aquel hombre que llegaba de visita de cuando en cuando, le había prometido llevarle un poco de aceite aquella tarde. Y así lo hizo cuando lo vio aparecer en la colina con la mochila llena de cosas. Le dio el bote con aceite y el pico dosificador para que él mismo pudiera usarlo, sin necesidad de nadie más.

El forastero después de entablar conversación durante un momento, motivó al dragón a levantar vuelo montando en su espalda. Sólo necesitaba darle confianza y hacerle de Cyrano ¿no? Él estaba dispuesto a que esos suspiros de pena acabaran y escuchara sonidos más alegres por parte del dragón.

Una sorpresa mayúscula encontró cuando el dragón le presentó al gran amor de su vida: una muchacha humana. Iba a costar y mucho, pero apenas le perdiera el miedo, se las ingeniaría para lograr algo entre ellos dos, lo importante de momento, era que se hablaran y desde la grama alta, le susurraba las palabras que debía decirle hasta que ya no le hizo falta, al sentirse cómodo, pudo seguir por su cuenta.

Habiendo logrado eso, comenzó a caminar de vuelta a su hogar. A su espalda quedaba la puesta de sol, al frente, cruzando el umbral que dividía los dos mundos, estaba la silla en su habitación, donde se sentaría a escribir todo lo que había visto para su próxima novela. Porque él también era un escritor o quizás, sólo un simple personaje de ficción.

Y por último, pero no por ello menos importante, tenemos a Naeko con “La chica del pelo rojo”:

LA CHICA DE PELO ROJO
Sofía tendría que escribir todos los días, sí quería acabar ya su novela, pero no siempre las musas aparecían, si pudiese conocer más a la chica de pelo rojo… la veía siempre en la universidad, una chica con un largo pelo rojo, que era su inspiración para su última novela.
La chica de pelo rojo paseaba por los pasillos sin hacer ruido, sola, con cierto aire melancólico.
<<Seguro que ella si escribe todos los días y además, le da tiempo a leer un montón, leerá más  libros que yo>>. Pensaba Sofía.
En la novela una joven se enamoraba de una chica que era capaz de congelar corazones con sus palabras. Era una novela de amor y un personaje estaba inspirado en la chica. Sofía lo que realmente deseaba era trasladar esa historia a la vida real, pero en la vida real no se cumplían sus órdenes, como en el papel. Por ejemplo, en la ficción, la chica de pelo rojo se acercaba a ella al verla leer un libro de Murakami y le decía que era mejor Yoshimoto. En cambio, lo que sucedía en realidad era que la chica de pelo de rojo siempre pasaba de largo, por muchos libros de Murakami que leyese Sofía delante de ella.
A Sofía le gustaba escribir porque sus personajes obedecían sus órdenes, se sometían a su voluntad. Al escribir, ella, que era otro personaje, se sometía también a su voluntad, como cuando hipnotizas a alguien y le mandas ladrar y ladra, ella al escribir se mandaba hablar con la chica de pelo rojo y lo hacía.
La vida siempre nos da oportunidades, y cómo no, le dio a Sofía la oportunidad de hablar con la chica de pelo rojo. Fue una mañana fría y lluviosa, de esas que es mejor pasar en casa, con un chocolate caliente y un buen libro. Sofía llegaba tarde a clase, iba corriendo con el paraguas, y llegó al semáforo para cruzar el paso de cebra enfrente de la universidad. Allí esperaba a que se pusiese en verde, la chica de pelo rojo. Al verla sin paraguas, Sofía decidió taparla, y ella sonrió. Era una buena oportunidad, así que se animó y le dijo que llegaba tarde porque se había entretenido leyendo a Murakami, se hizo un silencio y Sofía le pregunto qué libro estaba leyendo ella, la chica de pelo rojo frunció el ceño y dijo no suelo leer libros. Entonces, el corazón de Sofía se congeló.

 

Y hasta aquí el #RetoCitaura de este mes. Muchas gracias a todos por participar, y por supuesto a Sara, de Letras en el aire, por haber hecho posible esto.

Espero que os gusten todos los relatos y os esperamos en el próximo reto (del que dentro de poco diremos la frase).

MK!

 

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2 comentarios en “#RetoCitauraFebrero

  1. ¡Hola! Perdonad pero en mi texto había un par de errores, que ya he corregido, os he mandado el relato corregido, que es el que está en mi blog. ¿Podéis modificar esta entrada? Si no, no pasa nada…. Siento las molestias.

    ¡Gracias por crear el reto! Tengo ganas de conocer la cita de marzo. Ahora leo todos los relatos, es enriquecedor ver las distintas ideas.

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    • Por supuesto, no te preocupes, cometer errores en el ordenador y no verlos hasta que las entradas están publicadas es lo más fácil del mundo, pero por suerte corregirlos también 🙂

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