#Retodeagosto. Día 15. Piscina de jardín

Parte 1/2

Eva recordó lo muy nerviosa que estaba las horas previas al fin de semana. No solo por ser la anfitriona de las mini vacaciones más esperadas del verano en la casa rural de sus abuelos, sino porque sus mejores amigas, Sara y Rebeca, se las habían apañado para que a los planes se sumaran Cris, Carlos y el perfecto e inigualable Mike. Aquellos chicos les llevaban gustando desde que el mundo es mundo y por fin habían mostrado un mínimo interés en ellas. Esa era, quizá, razón suficiente para que el corazón se quisiera salir del pecho y notase el pulso carotideo, poplíteo, pedio, radial –y cuantos pulsos recordó de su clase de enfermería— más animados que la música de un After de Chueca.

<<Ah, pero eso era nerviosismo para principiantes>> pensó mientras se recogía un mechón de pelo para volver a colocarlo detrás de la oreja, con aire tímido y resuelto.

Era increíble que ya hubiera pasado casi el ecuador del fin de semana. Atrás habían quedado abrazos, risas, tonteos varios… Pero era la primera vez que estaba a solas con Miguel, mientras todos los demás dormían. Sentada en el borde de la piscina del jardín, con sus pies dibujando círculos dentro del agua, se preguntó qué estaría pensando él, con la vista completamente fija en el fondo de la piscina. Se imaginó protagonista de sus pensamientos, y la temperatura subió dos, quizá tres grados, dentro de ella.

<<Por favor, que ya no somos tan pequeños como para estar sintiendo esta orgía de mariposas en la boca del estómago, Evita>> Se repitió a sí misma tratando de racionalizar sus emociones

–¿Quieres tomar algo? –propuso. Quizá el alcohol animase la conversación.

–¿Queda Radler?

Eva asintió, decepcionada. Por alguna razón, esperaba que la respuesta a su pregunta fuera un pasional: “Te quiero tomar a ti.” Pero, sin darle más importancia, se dirigió a la nevera convencional estándar – Azul y blanca, típica de playa, existente desde el primer día de creación divina– y sacó dos cervezas.

–Atrápala –Lanzó la lata hacia atrás, donde estimaba estaría su amigo. Pero un sonido metálico rebotando en el bordillo la hizo girarse, preocupada –Mira que eres tor…

De repente sintió dos manos enroscarse en su cintura y cómo se escapaba una de las pervertidas y jocosas mariposas de su estómago, para posarse y aletear en su cuello. Qué labios tan suaves…

Eva se giró tan rápido como pudo y besó sus labios, dejando caer al suelo la segunda cerveza.

La piscina del jardín fue el único testigo y escenario de aquel esperado encuentro de dos.

 

 

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