#RetodeAgosto Día 14, Tren de Domingo.

Último tren

Todos los domingos desde hace tres años cojo el mismo tren, me siento en el mismo asiento y observo a los mismos pasajeros. Diría que, además, todos los domingos contemplo el mismo paisaje, pero eso no sería cierto, el paisaje no es siempre el mismo, cambia de semana en semana, con el paso del tiempo y de las estaciones, lo que veo al otro lado del cristal no es siempre lo mismo. A veces el cielo es de un azul tan prístino y puro que parece artificial, otras veces es negro y está cubierto de espesas nubes que hacen que en mi corazón se instale la pena y en ocasiones, solo en ocasiones, no veo el cielo porque duermo.

Pero hoy es un domingo especial, es un domingo distinto, no es un domingo como otro cualquiera porque este domingo es el último en el que cojo el tren. Esta vez, al montar y ocupar mi asiento, he sonreído pensando que ya nunca más tendré que volver a coger este maldito cacharro y que nunca más volveré a contemplar los parajes que se suceden como borrones de tinta tras los cristales. Tras tres años, por fin todo va a terminar. ¿Queréis conoces mi historia? Pues entonces acompañadme en este último trayecto en tren.

Mi nombre es Juliet, sin una a al final como todo el mundo piensa. El nombre me lo puso mi padre después de que mi madre muriera tras darme a luz, nunca supe por qué eligió ese nombre porque nunca se lo pregunté. Mi padre es un hombre especial, no hablamos mucho, en estos tres años, por ejemplo, nos habremos visto solo cuatro o cinco veces, y apenas hemos hablado por teléfono, pero no se lo tengo en cuenta, sé que para él soy una decepción, pero él para mí tampoco es un gran hombre, así que supongo que estamos en paz.

Como iba diciendo, mi nombre es Juliet –recordad, sin una a al final- y todos los domingos cojo el mismo tren pero…¿a dónde? Os estaréis preguntando. La respuesta es sencilla, todos los domingos cojo el tren que me lleva desde la ciudad al campo, a un lugar de descanso y retiro llamado “El prado verde” porque está situado en medio de un enorme prado verde. Como veis, en “El prado verde” no son muy originales poniendo nombres.

“El prado verde” es un lugar de descanso para gente con problemas y gente problemática, como yo. Ya en la adolescencia mi padre empezó a ver que algo no iba bien en mí, pero no fue hasta que no llegó Megan, su flamante esposa, que no se le ocurrió pensar que yo no era más que un problema, y entonces me mandaron a “El prado verde”. En estos tres años he superado mi problema de adicción a las drogas, mis trastornos alimenticios y una depresión que hizo que estuviera a punto de suicidarme.

Han sido tres duros años en los que la rutina a la que me he visto sometida ha sido muy intensa, pero ahora  por fin todo ha terminado. Ahora que cojo el tren de domingo por última vez pienso que voy a echar de menos “El prado verde”, pero también pienso que, por primera vez en mucho tiempo, voy a poder coger un tren que me lleve a otro lugar distinto como, por ejemplo, el mar. Mi nuevo tren de domingo me llevará al mar porque, quizá, mi vida está programada para coger un tren cada domingo y así evitar romperme en pedazos.

MK!

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