#RetoAgosto Día 11. Dormir hasta tarde. (Por Mariana Pospisil)

¡Qué tarde se me ha hecho!

Eran las doce de la noche, la luna brillaba con tal intensidad que iluminaba incluso la esquina más oscura de la casa. Los  padres de Carlos se habían ido de viaje y le tuvieron que dejar solo en casa dos  noches y dos días.

Echaban su serie preferida, quería quedarse a verla toda la noche, pero el sueño pudo con él. Se durmió en el sofa del salón, tan blandito que se le hacía imposible no dormirse ahí. A las cuatro de la mañana el despertador empezó a sonar, ¿qué hacía sonando a tales horas? Lo apagó, y se volvió a meter en la cama. No paraba de dar vueltas y vueltas, se puso la manta, se la quitó, se colocó de mil maneras diferentes pero nada, no se podía dormir. Como le era imposible dormirse, se levantó, preparó un vaso de leche caliente, y empezó a ver la televisión.

Bebió el contenido del vaso, despacio, como  si fuese té relajante en una tarde calurosa de verano, pasaba los canales que echaban en la televisión sin importarle ninguno, hasta que vio uno que pareció interesarle.

-¿Quiere dormir pero no puede?-decía el tipo del programa.- Si está viendo esto seguro que sí. Aquí le enseñamos varias cosas para que concilie el sueño sin ningún problema.

Carlos estaba asombrado, era justo lo que le pasaba, ese señor era la solución a sus problemas.

-Primero, puede intentar meterse en la cama, cerrar los ojos, y hacer uso de su imaginación pensando lo que te gustaría soñar cuando estés durmiendo plácidamente. Si eso no funciona, cuente ovejas, eso es lo que siempre hago yo.

Carlos probó lo que le dijo el tipo del anuncio. Estuvo una hora entera pensando en lo quería soñar, y media hora más contando ovejas. Al final acabó durmiéndose a las 6 de la mañana. 9 horas más tarde se despertó, se sentía descansado. Cuando quiso darse cuenta eran las tres de la tarde, había perdido toda la mañana y parte de la tarde. También se había saltado la comida más importante del día, el desayuno, se perdió las series de la mañana, hablar con el cartero, jugar con sus amigos y acariciar al perro de la vecina cuando ésta le  sacaba de paseo.

¡Cuantas cosas se había saltado! No sabía qué hacer, estaba acostumbrado a su rutina diaria y perfecta, ¡le faltaba algo!

Pasó el día como pudo, todo lo que hacía se le hacía extraño, estaba atrasado.

Cuando llegó la noche, le dieron las diez, pensó en quedarse a ver su programa pero… no quería volver a retrasarse, al fin y al cabo, era un niño y tenía que dormir sus horas y jugar sus otras. Se fue a  dormir y nada interrumpió su descanso. Al despertarse, hizo toda su rutina diaria con una sonrisa enorme.Cuando volvieron sus padres, le peguntaron:

-Y bueno Carlos, ¿a qué hora te has ido a dormir hoy? Que siempre insistes en quedarte más tiempo de lo debido, sé sincero y dime a qué horas te fuiste.

Carlos estaba un poco avergonzado.

-Veréis, la primera noche me fui muy tarde, porque quería ver mi canal de televisión, pero aprendí que tengo que dormir para que en el día tenga energías y poder aprovechar la mañana y la tarde sin ningún problema, por eso, la segunda noche, me dormí temprano, y me lo pasé genial todo el día siguiente ¡No volveré a dormir hasta tarde ni a quedarme despierto más de lo debido!

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