Reseña literaria: Trenes hacia Tokio

9788483810972

Título: Trenes hacia Tokio

Autor: Alberto Olmos

Editorial: Lengua de Trapo

Año de publicación: 2006

Número de páginas: 252

Precio: 15 euros

Sobre el autor:

Finalista del premio Herralde en 1998, en 2006 ganó la X edición de los Premios Arte Joven de la Comunidad de Madrid con Trenes hacia Tokio. Ha residido en Japón, en donde dio clases de inglés y de español, además de hacer crítica literaria y cinematográfica; fue en este periodo en el país nipón que comenzó en el mundo de los blogs, en el que después continuaría. 

Sinopsis:

A través de las experiencias personales que David, un español afincado en Japón, nos narra a través de su blog, vamos conociendo no solo su rutina, si no todo lo que este exótico país nos tiene que ofrecer.

 

Opinión personal:

Son varias las veces que he leído ya esta novela y me sigue pareciendo espectacular.

Antes de nada, avisar que no es una novela al uso: no tenemos un argumento lineal ni unos personajes recurrentes, sino que al ser producto de la recopilación de entradas de un blog, nos muestra una realidad muy variopinta, aunque sí que hay un nexo de unión: casi todas las entradas hacen referencia a los continuos viajes en tren del protagonista, que es el alter ego del autor.

Ahora está muy de moda hacer este tipo de experimentalismos que, sin embargo, no suelen salir bien. Alberto Olmos es la excepción que confirma la regla. La escritura es rápida y fluida, a veces usa palabras de las denominadas “pomposas”, pero no lo hace en un alarde de vanidad, sino que está cuidadosamente elegida.

La lectura de Trenes hacia Tokio es amena, no os voy a engañar, no os va a descubrir nada, no vais a llorar a mares o reír a carcajadas, pero sí os va a entretener.

Yo la recomiendo como lectura para cuando no tengáis mucho tiempo, porque al imitar las entradas de un blog, los capítulos no son demasiado largos, y puedes leerlos sin perder el hilo de la narración.

 

Por último, quiero dejaros algunas de las citas del libro:

“Tokio está desierta, no hay manos, no hay cabezas. Tokio no tiene rostro. La arquitectura está enamorada de sí misma. Algunos edificios reflejan el cielo. En otros, un hombre salta al vacío y no muere, sino que empieza a limpiar cristales, balanceándose”

 

Espero vuestras opiniones si lo habéis leído y, si no, espero que os animéis a leerlo y entonces opinéis.

¡Hasta la próxima!

MK!

 

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