El monje jorobado

Junto al mar había un pequeño  monasterio, ahora casi en ruinas, pero que hace no tanto estaba habitada y era próspera, pero ahora estaba vacía y sólo, de vez en cuando, había signos de actividad en ella, misas negras en honor al monje jorobado, un monje que ahora era reconocido como el demonio.

Durante la guerra civil española había un hombre que, huyendo de la justicia, escapando de su destino, fue a parar a ese monasterio, donde fingió convertirse al cristianismo y donde llegó a ser abad, aunque no era querido, sino odiado, porque en torno a él circulaba una terrible leyenda, una leyenda de muertes y desapariciones, de brujería y de ataques de locura.

Cuentan que el monje, convertido en abad, salía solicitar la ayuda de los habitantes del pueblo para realizar pequeñas tareas comunes, pero muchos de estos campesinos no volvían a sus casas, de las que salían pronto por la mañana, casi antes de la aparición del sol y que nunca dejaban rastro…solo de vez en cuando encontraban un jirón de una chaqueta, un zapato, una boina…Las leyendas contaban que mientras los campesinos regresaban a casa, él salía tras ellos y, con sus amigas las brujas le golpeaban y secuestraban. Tras esto, el monje y las brujas iban a una cueva cercana al mar y que cuando subía la marea quedaba oculta y allí realizaban ritos de magia negra, aquelarres en los que invocaban al macho cabrío, orgías y toda clase de atrocidades.

El pobre campesino elegido, observaba todo desde un altar de piedra, esperando que su hora llegase pronto y sin sufrimiento, mientras rezaba a Dios, del que las brujas y el monje se reían…hasta que por fin se terminaba con su vida, aunque no de la forma rápida que le hubiera gustado al pobre desgraciado…

Pero nunca lograron encontrar lo que buscaban, no lograron encontrar la cura para la muerte, para la vejez, y al monje jorobado le llegó la hora suprema. A nadie le importó mucho, casi se sintieron aliviados, los ataques a los campesinos, por fin, habían cesado. Fue enterrado en el cementerio del monasterio, aunque alejado del lugar en el que todos los monjes eran enterrados.

Al principio no pasó nada, el monje jorobado descansaba tranquilo pero, una noche, se levantó. Los monjes estaban cenando cuando una fina lluvia comenzó a caer, pero la fina lluvia se transformó en una lluvia torrencial. En el cielo brilló un relámpago, que iluminó la tumba del monje al tiempo que un espectro blanco se levantaba de su tumba y comenzaba a andar hacia el acantilado, desde el que se arrojó, no sin antes mirar atrás, al lugar en el que sus compañeros estaban cenando, y sonreírles.

Desde ese día todas las noches el monje se levanta de su tumba y se arroja al vacío, pero dicen que sus amigas las brujas le recogen antes de tocar el azul y le elevan a los cielos, vedados a su alma, y vuelan libres en la noche, para volver a su fría tumba por la mañana.

Quizá si habían encontrado la forma de la vida eterna, el mal, que les impide entrar en el reino de los cielos.

 

MK!
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