Suicidio

(Quizá fue por no saberte la geometría)

El jovencillo se olvidaba.

Eran las diez de la mañana.

 

Su corazón se iba llenando

de alas rotas y flores de trapo.

 

Notó que ta no le quedaba

en la boca más que una palabra.

 

Y al quitarse los guantes, caía,

de sus manos, suave ceniza.

 

Por el balcón se veía una torre.

Él sintió balcón y torre.

 

Vio, sin duda, cómo le miraba

el reloj detenido en su caja.

 

Vio su sombra tendida y quieta,

en el blanco diván de seda.

 

Y el joven rígido, geométrico,

con un hacha rompió el espejo.

 

Al romperlo, un gran chorro de sombra

inundó la quimérica alcoba.

 

(Lorca)

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