Adiós, House

Crítica y despedida de la serie House M.D.

Hace ya tiempo que quería escribir esto (años, puede), pero qué mejor momento que en el ocaso de este fenómeno. Como casi todo el mundo que me conoce sabe, House MD para mí ha sido más que una serie, era más que una escapatoria a la rutina, más que un simple modo de entretenimiento. House, a parte de la mejor serie que, a mi gusto, se ha creado (Y no tan a mi gusto, ya que ha sido reconocida como tal a nivel mundial) ha sido mi mejor escuela. Más allá de las enfermedades patológicas semanales y sus respectivos síntomas e historias que subyacen, es la serie con una ética y moral tan labrada que es capaz de explicar de un modo sencillo ─bueno, a veces no tan sencillo─ la propia vida, usando para ello peones con unas características tan logradas y definidas que bien podrían haberse basado en personas reales. Personajes tan reales que acabas por conocer sus miedos, sus deseos y aspiraciones más profundas y su forma actuar y pensar. Personajes casi de carne y hueso que, en ocasiones, te sorprendes llorando con sus fracasos y decepciones, con aquellas ganas rayanas en la estupidez de darles un abrazo cuando la propia vida les golpea o de abofetearles cuando te decepcionan o se lastiman a sí mismos. Personajes que acaban por convertirse en amigos o en enemigos, tan reales los primeros como los segundos.
Cada personaje representa, a su modo, un carácter y un enigma y es por eso que es fácil identificarse con todos, sí, con todos. Porque cada uno representa una faceta tan definida que bien podría concentrarse, en mayor o menor medida, en una sola persona.
La benevolencia se plasma a la perfección en personajes como Cameron, tan humilde que consigue herirse a sí misma y rozar la estupidez en algunas ocasiones y que está condenada a hacer lo correcto o a castigarse eternamente en caso de no hacerlo. Enamoradiza y vulnerable hasta el extremo.
La superación puede forjarse en Foreman, un hombre que busca una alternativa a una vida de vandalismo y marginación en la medicina. La lucha por una escapatoria que le condenará irrevocablemente a buscar un ascenso adictivo en todos los ámbitos de su vida, obviando muchas veces la felicidad que se esconde más allá de la esfera académica y laboral.
El doctor Chase representa la ambigüedad y el desengaño. Lucha constantemente y desde el primer momento por hacerse respetar y para desacreditar a aquellos que infravaloran todo el esfuerzo alegando que ha conseguido el puesto por su cara bonita.
Amber era el claro ejemplo de la prepotencia y el orgullo, empleando varias veces el juego sucio para alcanzar sus metas, pisando a todo aquel que se interponga. Con una mente fría pero con una calidez oculta de lo más convincente.
Trece manifestaba muchas cosas. Por un lado el miedo a descubrir una de las peores enfermedades crónicas que condicionaría su vida para siempre. Por otro la asimilación y el dolor que le llevan a dedicarse a vivir la vida de una forma inmadura y sin reflexionar acerca de las consecuencias. Todo ello le lleva a representar la resignación y, en una combinación curiosa, la libertad.
Taub es uno de los ejemplos más claros para cualquiera que haya visto la serie. En él se ve con claridad la infidelidad irremediable y sus intentos fallidos de luchar contra ella que se convierten en una mera sarta de disculpas que no van más allá de un autoconvencimiento de que no es capaz de cambiar.
Cuddy podría encarnar el deber, la ley y el control. Una persona con un sin fin de miedos que se infravalora sobremanera, probablemente por el afecto recibido y el trato con respecto a su hermana, claramente más encarecido. Puede que por ello se deba su pánico a la soledad y su deseo de ser madre soltera que llegó a convertirse en una obsesión hasta la llegada de la esperada niña que, obviamente, se convirtió en su prioridad.
El caso de Wilson es muy evidente. Es la más pura fidelidad, entregado al máximo a los demás y esclavizado a la felicidad de su mejor amigo que, decepcionantemente, sabe que nunca será agradecida ni compensada y que es una felicidad idílica que nunca llegará a existir.
Y llego a la parte más temida, la más complicada de describir y que incluso intentarlo me da un poco de miedo: House. Una persona que basa todos sus principios en uno: La curiosidad. Cuando me enganché a la serie recuerdo que la gente me decía que cómo me podía gustar un personaje tan obviamente ilusorio. ¿Quién va a una consulta médica y es tratado de aquella manera sin que esa persona sea castigada o incluso sancionada por ello? ¿Qué médico has visto tú que trate a la gente así? Me decían y yo me encogía de hombros y respondía con mis doce añitos de edad que era divertido. Ahora cambiaría esas respuestas por algo así como: House es la frialdad personificada porque ha perdido la fe en las personas y en la humanidad y, por supuesto, jamás ha tenido otra clase de fe que fuera más allá de la que ciegamente tiene en la ciencia. Alguien que pondría en peligro su vida o la de los demás para probar que tiene razón o para aprender y experimentar acerca de algo nuevo ya que lo importante es el acertijo. Las personas mueren y las vidas caducan, pero siempre habrá acertijos porque siempre habrá enfermedades nuevas y retos sempiternos. Sabe que todo el mundo miente y que nadie es capaz de cambiar por propia experiencia y por ello no respeta a las personas hasta que no conoce su forma de actuar y todo aquello que pasará por su cabeza anticipándose a ellos y entonces juzga sin son dignas de ese respeto. Y, cuando lo hace, cuando conoce todo lo cognoscible de aquella persona, es cuando menos confía.
Es un personaje que debe lidiar con el dolor a cada instante y que encuentra un consuelo en una fuerte droga llamada vicodina y se convierte en algo imprescindible y adictivo para él. Va a la cárcel y al psiquiátrico y es juzgado en numerosas ocasiones pero, incluso entonces, nadie ha sido capaz de corregir su comportamiento. Vive en la soledad de quién es un genio y la saborea disfrutando de ella hasta los límites de la misantropía y el retraimiento, que se ve compensado con su mejor y único amigo, persona en la que basa todo su cariño escasamente reconocido y al cual necesita hasta casi colindar lo vital.
La felicidad de House no llega ni siquiera con la resolución de los puzzles, de hecho cuando más feliz se le ha visto es en el apogeo de una relación ya que, de algún modo, es una oportunidad de que el dolor no recaiga solo sobre sí mismo. No obstante, es una persona demasiado difícil como para mantener una relación por lo que la soledad lo acompaña hasta barajar la idea de dejar de existir.
Una vez leí unas palabras de Hugh Laurie donde afirmaba allá por la cuarta temporada que un personaje como House acabaría o curándose o suicidándose porque jamás aceptaría un cambio ya que ese es uno de sus pilares ideológicos: la gente jamás cambia. Se me encogió el alma al leer aquello. House era una leyenda, ¡no podía morir! Pero…
¿Cambiar? ¿Era mejor eso? ¿Era mejor la caída de un genio destrozando todos los cimientos en los que se había y nos había basado? No, prefería la muerte para House y aquello no terminaba de agradarme.
Ahora House ha acabado, a la octava temporada, dejando tras de sí una ristra enorme de momentos y recuerdos que me han arrancado lágrimas y carcajadas a partes iguales y no podría haber vaticinado un final mejor. House ni muere ni cambia, simplemente deja de ejercer.
Un dios como House no debía morir y, un modelo como él, no podía cambiar.
Solo me queda decir una cosa que abarca desde el 2004 que House fue creado hasta este 2012 que lo pone fin: GRACIAS. Gracias por estos 8 años de una serie que se ha convertido en toda una forma de vida para miles de personas en las que orgullosamente me incluyo.

MoniqueAllanPoe

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